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viernes, 29 de junio de 2012

AHÍ VA EL CAPITAN BETO POR EL ESPACIO

Le dirán Maestro y tendrán razón. O tal vez le digan Genio y nadie podrá discutirlo. O acaso lo llamarán ídolo, y claro, habrán cantado la justa. Sin embargo, ninguno de los merecidos calificativos que se le dispensen hará justicia con lo que fue la verdadera naturaleza de Juan Alberto Badía: Comunicar.
Se encendía la luz roja y el hombre parecía nacer en vida. Se convertía en el Capitán Beto de ese espacio al que llaman eter. Fue para ese universo de radio el inventor de algo nuevo, donde la creatividad era la ley y el buen gusto el dogma inquebrantable. Allí donde las fronteras las imponían la propia palabra y la capacidad imaginativa de la mente tras el receptor. 
Badía imaginaba un mundo y lo contaba con sabiduría. Frase a frase. Palábra a palábra. Lo sostenía ser creíble, ser jovial y ser honesto. Metió la radio dentro de la tele y (cosa casi imposible) la tele dentro de la radio. Referente de la vieja raza de locutores hoy en desaparición, sus programas insignias (Badía y compañía, Imágen de radio) fueron verdaderas escuelas para quienes fantaseabamos sin tapujos con la aventura de hablarle a una cámara o a un micrófono. Somos muchos los que a tipos como él le debemos un trabajo, una conducta de vida, una inspiración...
Estaría bueno reclamarle a la parca que afloje un poco, que es suficiente por ahora. Sus decisiones inapelables han golpeado este año al mundo River con la ausencia de tres de sus más altos referentes. Primero el Flaco, luego el Negro, y ahora el Beto. Y allá arriba estarán ahora, charlando de los Beatles, de la música, del mundo, de los sueños, de la banda roja... Llegará Juan Alberto al grito de "Muchachos!, tengo algo para contarles!"... y les narrará la noticia del ascenso con la pasión riverplatense que lo distinguió de por vida;  La misma que puso a diario cuando se enfrentaba con su amigo el micrófono.

martes, 8 de mayo de 2012

RIVER EN SU TINTA

"Este es el león. Hay que pulirlo un poco, pero este es el león que ustedes quieren. Emergiendo del Monumental, con la cola levantada, porque no se si saben que cuando un león ataca, ataca con la cola levantada, esa es la actitud que me gusta que tenga River". Hacía breves minutos que había escuchado la propuesta de Hugo Santilli en el restaurante "Los años locos" y ya Caloi no podía con su genio de imaginar, crear, hacer, revolucionar. Nacía en un boceto de mantel el inolvidable logotipo del león millonario que se morfó a pedazos los malos fantasmas de aquellos años y acompañó omnipresente las exhibiciones triunfales de una era dorada para la banda roja.
No fue sorpresa su buena estrella. Caloi tenia la visión de los distintos, la pincelada simple y genial, la chispa que enciende el fuego del buen gusto y lo popular. Díganme si en esas características personales no podemos hallar también una definición cabal de lo que significa el mismísimo ser Riverplatense. Hay que ser muy genio (y muy humilde) para no vanagloriarse de haber armado en el anonimato de una noche porteña un ícono eterno solo con un fibrón y tres rayitas, y solo responder con una sonrisa tímida e incómoda cualquier asedio al grito de "Maestro!!!" con que se lo reconocía.
El trazo agudo y bonachón de Caloi redefinió la historieta argentina al parir ese entrañable engendro llamado Clemente, interprete zagaz y humorístico de los pensares de un pueblo a menudo acallado por una realidad no siempre tan risueña. Tan grande era que sabiéndose un reconocido hincha de River hizo a su mejor amigo fanático de la contra. Un hombre de mil proyectos, adalíd de la inteligencia, comprometido solo con su ingenio, adorado tanto por las masas del aspero obraje como del etereo intelecto. Propietario de un humor definitivamente argentino que sin embargo cruzó airoso las fronteras de la lengua. Amigo entrañable. Dueño de un respeto unánime. Salteño y millonario de pura cepa.
Desde hacía rato se sabía de su larga enfermedad y hoy -sin avisar y en silencio, fiel a su estilo- nos dejó con la sonrisa atragantada. Podrán llevarse su cuerpo y sus cosas, pero nadie jamás podrá mover su huella de las profundidades de la cultura popular, así como nadie podrá borrar a su león indomable de la mejor historia de nuestra casa.

miércoles, 8 de febrero de 2012

GENIO TAL VEZ


Y si entonces es como dar amor, flaco. Y si nos montamos a los vientos que domaste bajo el lazo de la canción. Y si prometemos encontrarnos en el aleteo de tu águila de trueno. Y si heredamos aquella tarde en la que al ver, finalmente vimos. Será por fin la brisa la que repare esta herida de ausencia, el tibio confort de tu aura que ya se extraña.
Y si jugás otra vez a cambiar el mundo, flaco. El mío, el tuyo, el de él, ese que no es más que un burdo chocolatín. Y si nos llevás en tu ave seca, hecha con sombras de fantasmas. Y si nos dejás en Bajo Belgrano, Acasuso, Haedo o Paso del Rey. Y si alumbras el sol de enero y descorrés el velo de tu expresión inigualable. Será por fin el tiempo de reencontrarte, justo en la pluma de tu arte, donde el tiempo es un pesebre y tuya es la mano que lo mece.
Y si otra vez nos robas un color, flaco. Piazzolla. Artaud. Tanguito. Mc Cartney. Y si desollinás mi cuerpo con tu poesía sanadora. Y si rompés la corteza con tu hacha de jade, o acaricias la maleza con el mimbre de tus dedos. Será entonces el momento de caer en cruz, hacia el cenit, cosechando la siembra de tus días y la parva de milagros que provocaste.

Y si hacés que despertas de este sueño, flaco. Y si socabás al menos esta noche la pena de los que nacimos a la música con vos. Y si solo te escondés en el vientre de la muchacha. Y si le devolves el banderín al capitán Beto. Y si te quedas en el jardín de los presentes, curando con sueños las heridas de la realidad, bordando con hilos de diamante tanto tajo post crucifixión.

Se ha ido Luis. El flaco más flaco, rulos de sortija, genio tal vez. Era muy de River, pero era también muy de todos. Allá arriba dejará boquiabierto a tanto ángel desprevenido. Ojalá en tu lecho hayas prometido volver de tanto en tanto en las alas de un gorrión, o porque no, transformado sin porfía en cualquiera de tus canciones indestructibles, para volver hacernos reír, hasta llorar.

miércoles, 25 de enero de 2012

LA TERCERA Y LA MEJOR


Hay que buscar mucho en el fútbol internacional para encontrar un equipo que tenga dos camisetas que lo identifiquen inmediatamente en cualquier lugar del universo sin necesidad de preguntar quien juega. River Plate es uno y si encuentran algún otro, por favor díganmelo. Se sabe, el millonario es su banda roja cortando con su tajo de pasión el inmaculado blanco de su paño. Pero también River es esta lluvia de bastones verticales blancos y rojos, delimitados tenuemente por una delgada línea negra, insignia fundamental de los primeros años de amateurismo y reemplazo elegante cuando la banda se impuso por su propio peso con la llegada del profesionalismo.
Sin pretender reprimir la evidente subjetividad que asalta al fanático, las casacas de River son perfectas. Los diseños simples y de buen gusto, el maridaje eterno del rojo y blanco, en la combinación, y el papel fundamental que juega el negro como agente cromático de contraste y elegancia. Sin ese color, la indumentaria de River pierde fuerza y magnetismo. Y sobre todo no respeta su esencia.

La camiseta tricolor está muy metida en el corazón del hincha, asociada a los confines de nuestra historia y al recuerdo de tantas tardes memorables. Hace unos pocos días, el website ingles www.subsidesports.com dio a conocer los resultados de su encuesta anual sobre cual fue para sus internatuas la casaca mas linda de toda la temporada 2011. La alternativa millonaria resultó la tercera. Delante suyo fueron elegidas la tercer casaca del Corinthians de San Pablo y la suplente del Borusia Dortmundt de Alemania, ambas de bonitos diseños, pero tan impersonales que bien podrían pasar por prendas para salir al boliche. En esa elección resultó séptima la bella indumentaria que umbro le confeccionó a la selección de Perú. Demás está agregar sobre cual es el diseño y los colores que la identifican.

La elección no descubre nada que no sepamos. Pero es un mimo al corazón en tiempos donde la pérdida de nuestra identidad duele tanto como la pérdida de la categoría.

martes, 3 de enero de 2012

UN DURO


Mirá vos. Tuvieron que pasar 2 años, 64 partidos, un descenso, 924 foules, un millón y medio de chambonadas, para darme cuenta de que con Ferrero se sentía algo vagamente parecido a lo que llaman seguridad. No colgaremos ningún cuadro en su honor. Tal vez ni siquiera se lo extrañe demasiado pasado un tiempo. Hartos ya del lastre de pataduras que nos hundieron, Ferrero (uno de ellos) se lleva sin embargo una buena cuota parte de algo que no se compra en cualquier negocio de variedades: La personalidad y sangre.
Se va de River un duro. Un rústico inimaginado con nuestros colores décadas atrás. Alguien que fue capaz de convertirse en grito de guerra de una tribuna otrora exigente cuando un resultado venía torcido. Se va alguien al que no le pesó jamás el kilaje de una casaca con mucha historia a cuestas. Dió todo lo que traía encima. Humilde trotamundos de cuanta categoría haya en nuestro país, un bartolero por excelencia, un cable pelado peligroso de foul, un agarrón innecesario, un carromato lerdo en campo abierto. Pero sobre todo Alexis Ferrero fue un tipo dispuesto, un profesional que supo bancar y poner la jeta. Una personalidad avasallante que generó contagio. Alguien al que siempre debieron recurrir cuando las papas quemaron.
Demás está decir que River enterró las banderas de la historia mucho tiempo antes de contratar a Ferrero. Será pues un signo de todo lo mal que estamos ponerse a escribir un par de líneas para su despedida. Que es necesario limpiar del equipo las caras del descenso?. Ok. Que era un patadura comprobado?. Ok. Que atras vienen pibes que prometen?. Ok. Lo cierto es que la 2 que engalanó los talentos de Vaghi, Alfredo Pérez, Ramos Delgado, Perfumo o Roberto Ayala, hoy buscará sin encontrar en el vestuario a este querible picapiedras que siempre sumó para la causa. Y no está bueno que los que suman se vayan de River.

domingo, 18 de diciembre de 2011

HAZTE GOL


Cosa rara el argentino. Un muchacho vuelve a su país a cumplir un sueño íntimo, para el cual relega una buena cifra de dinero y tal vez apuesta una porción importante del prestigio que supo conseguir. Cuando arriba lo único que hace es expresarse en forma ilusionada, humilde y cordial. Pero claro, ya nada podrá cambiar la lápida que ha signado su retorno: "Je, viene a robar". Prejuzgamos. Así somos. Tal vez porque buena parte de nosotros así lo haría, si pudiera.
Durante buena parte de la década pasada, el nombre de David Trezeguet iluminó alto la marquesina de los goleadores top del planeta fútbol. Su carrera ha sido fascinante. Lo obligaron a optar temprano que bandera defender, y a simple vista, no eligió mal. Se hizo goleador al empuje de una dupla deliciosa con Tierry Henry en Mónaco. Explotó en Juventus al lado de Zidane y Del Piero. Jugó dos finales del mundo. Una la ganó de muy pibe, y otra la perdió por un penal suyo que pegó en el travesaño. Definió una Eurocopa con un Gol de Oro. Ganó Ligas y Copas. Fue Capocannonieri. Jugó en el ascenso tal vez con la misma carga de presión con que lo deberá hacer ahora. Actuó en una banda como el Hércules de Alicante y en un retoño de los petrodólares como el SC Baniyas de Abu Dabi.
Está hecho y se quiere dar un gusto personal.
A los 34 años, sus características están re junadas. No tiene que demostrarle a nadie su categoría, ni revalidad ninguno de sus pergaminos, ni mucho menos dar una prueba de honestidad ante la sospecha malpensada. Sobrevuela sí, una incómoda incertidumbre sobre su verdadero potencial físico. Será su turno ahora de demostrar en donde importa lo gran refuerzo que es. 277 goles oficiales son un buen número para ilusionar.

domingo, 7 de agosto de 2011

ALBAÑIL DEL SILENCIO


En cinco años muchas cosas pueden pasar. Demasiadas. Pasó Passarella, pasó Simeone, pasaron Astrada, Gorosito, Cappa y JJ. Pero Ferrari siempre estuvo. Le ganamos a Boca varias veces y perdimos otras tantas. Luchamos vanamente por la Libertadores y por la Sudamericana. Vencimos a Corinthians en San Pablo y caímos con Caracas en Núñez. Y Ferrari siempre estuvo. Pasó el “silencio atroz” de Ahumada y el maíz de la San Martín. Dimos una vuelta olímpica en 2008 y en el mismo año fuimos cola de la tabla. Y pese a todo, Ferrari siempre estuvo.
Gestamos y vendimos figuras por millones, trajimos buenos elementos y otros de los cuales mejor no acordarse. Llenamos cientos de tribunas con aliento mientras otros, mas silenciosos, engordaban sus bolsillos con nuestro hambre. Usamos la banda roja, la tricolor, la negra, la violeta y hasta la ridícula gris. Le peleamos al julepe del descenso hasta que todo se derrumbó. Y siempre, absolutamente siempre, Paulo Ferrari estuvo.

El loncho se ha ido de River. Vuelve a su casa de Arroyito para pelear nuestra misma batalla desde otra trinchera. En tiempos de mediopelo y narcisismo, la pérdida de un referente siempre es un suceso de lamentar. Guita más, guita menos, jugando mucho, poquito o nada, Ferrari fue un eterno líder del silencio. Entrega sin carisma. Esfuerzo sin demagogia. Dinámica sin rating.
En este 2011 en el que habrá que acostumbrarse a demasiadas cosas, ver la 4 millonaria sin el relleno de esa figura diminuta, persistente como una ardilla en eso de subir y subir, provocará alguna sensación parecida a la nostalgia.
223 partidos, 15 tantos oficiales (el lateral con más goles en la historia de River) y una dedicación encomiable por defender la causa, se ganaron estas líneas de despedida y este eterno gesto de respeto.

miércoles, 18 de mayo de 2011

LA REINA MOROCHA


Esta es la historia de la Reina Morocha. Obra de la gracia, o tal vez la casualidad, o a lo mejor del destino. Vino pululando libre como un papel, al que la nave invisible del viento arrimó a las canchas de polvo que circundan el Monumental. Allí germinó fecundo ese milagro llamado Gabriela, con el misterio en su mirada niña, con el carnaval en su sonrisa simple, con un girasol en las manos apto para trazar los arcoiris mas fulgurantes.
Esta es la alegoría de la monarca más humilde. Melena azabache, flaca de carácter tierno que desmentía en cada gesto su origen de niña bien. Delgada como un poste, martillaba tardes enteras una pelotita contra el frontón hasta que lo evidente se volvió inexorable. Tenía destino de crack, era un prodigio de talento innato, y que hacía inútil cualquier intento profesional de corrección de estilo. Ya lo traía de fábrica.
El tenis de Gaby era casi perfecto. Esbelta y estética, se desplazaba por el court con gracia, como si la llevaran volando bajito decenas de colibríes aferrados a sus hombros. Manejaba efectos y velocidades con admirable maestría, su juego de red era felino e inspirado, y su revés la combinación mejor lograda de elegancia y efectividad. Contrarrestaba así un servicio discreto que varias veces la dejó pagando, y una mentalidad firme pero carente del instinto asesino de las grandes campeonas, cosa que -a pesar de esos handicaps mencionados-, Sabatini fue.

Gaby tenía (tiene) cara de buena mina y a la gente le encanta que los buenos les vaya bien. Entonces el mundo se derritió a los pies de su juego y del carisma que regalaba con generosidad y sin esfuerzo, pero a la vez con mucho pudor. Su exuberante belleza latina la erigió en un icono de la feminidad dentro de un circuito que poco a poco comenzaba a transformarse en una turba de muchachas fortachonas, infladas a gimnasio e inyección hormonal.

Nacida el 16 de mayo del 1970. Hija de Osvaldo y Beatriz, hermana del Ova. Hincha confesa de la banda. Se hizo profesional a los 15 y enseguida armó un zafarrancho bárbaro en Roland Garros, cuando llegó a semifinales y tuvo que venir la veterana Chris Evert para poner las cosas en orden. Fue alta protagonista de una época irrepetible del tenis de mujeres. Sus duelos con Graff, Seles, Navratilova, etc, son inolvidables e irrepetibles. Llegó varias veces al cielo, y su cielo –paradójicamente- siempre estuvo en Nueva York. Allí ganó 2 Masters, en 1988 ante Pam Shriver y en 1994 sobre Linsay Davenport. En 1990 dejó al mundo boquiabierto cuando venció a Steffi en la final del US Open.
Ganó 632 partidos, perdió 189. Triunfó en 24 torneos (las glorias contemporanas como Nalbandian, Del Potro, Gaudio, Coria apenas han podido superar los 10). Venció en Miami, Roma, Amelia Island, Boca Ratón, Hilton Head. Filderstad, Brighton, Sydney, Tokio, Buenos Aires. Se colgó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Seúl. Fue además una gran doblista y, junto a Mecha Paz, Martina Navratilova, Steffi Graff y Brenda Schultz, sumó 12 campeonatos más a su currículum, incluidos Wimbledon y el Abierto de los Estados Unidos. Acumuló bien ganada una fortuna 8 millones de dólares en premios y se retiró antes de los 30, pidiendo que no nos sintamos tristes, porque ella estaba feliz.

Dijeron tantas cosas y ella nunca respondió. Agretas criticólogos que le buscaban el pelo al huevo, incluso hasta en lo único indiscutible de su juego: El talento. En sus constantes exigencias se les pasó su esplendor. No la disfrutaron y hoy la extrañan. Sabatini fue consecuente con su mente y llegó hasta donde tenía que llegar. Tal vez el exitismo que nos domina no le perdone que no haya llegado nunca al número 1 del mundo, cosa que habría ocurrido si hubiese podido manejar esa volea para match point que tuvo en la final de Wimbledon del 91 ante Graff. Pero ante tanta magia mostrada, eso –apenas-, pasa a ser un detalle de color.

Hoy anda ocupada con su línea de perfumes, su anónima caridad, y sus viajes por el mundo disfrutando lo que no pudo cuando niña y adolescente. Muy de tanto en tanto aparece en alguna cancha o en alguna nota y su luz encandila, dejando todo lo demás en un plano secundario. Le basta apenas una sonrisa vergonzosa y unas pocas palabras robadas a la timidez para renovar el eterno encanto. Es que la Reina morocha (o la mejor deportista mujer de la historia de nuestro país) sigue tan vigente como siempre.

martes, 22 de marzo de 2011

EL CRACK DE LA 64


Cuando pasan cosas como lo sucedido con De Vicente, es cuando uno piensa que la vida es muy corta. Y cómo no hacerlo. Si pareciera que fue ayer cuando debutó en Primera junto a sus amigos de la categoría 64. O que fue ayer nomas cuando llevó la batuta en una brillante consagración riverplatense en ese torneo de inferiores llamado Esperanzas 84. O en su celebrado paso por Platense, al que con su juego y sus goles ayudó a ganar una Liguilla Pre Libertadores. O en aquella recordada palomita a Independiente vistiendo los colores de la Academia. Como no creer que la vida es corta cuando se termina de esta forma. Insólita, injusta, desgraciada.
Producto genuino de la marca River, sus gambetas vigorosas y su físico espigado levantaban rumores de crack entre los asiduos testigos de las categorías formativas. El flaco De Vicente sumaba su cuota de versatilidad y buen gusto a un tándem compuesto además de él, por un poeta como Pipo Gorosito y un tiro al aire como Mariano Dalla Líbera. Subieron en yunta y antes de tiempo a la Primera, para llenar nada más que con amor por la camiseta, el hueco que una pelea egoísta entre los profesionales y la dirigencia había dejado en el equipo allá por 1983. De Vicente pagó esa precocidad y no pudo cumplir con lo mucho que se le reclamaba. No se dio. Otros horizontes lo esperaban en su vida deportiva. Instituto de Córdoba, Estudiantes de La Plata, Platense, Grasshoppers de Suiza, Racing de Avellaneda, construyendo una carrera tan sólida como extensa.
No fue ninguna gloria millonaria (24 partidos, 2 goles), pero más de 10 años al servicio de la banda roja, bien valen este sincero obituario. Vivía en familia de sus ahorros profesionales y de su laburo de representante de futbolistas, bajo el ala de Jorge Cysterpiller. Un accidente que no provocó, ocurrido en la Avenida Panamericana, lo culminó casi instantáneamente a la edad de 46 años. Deja un dolor inabarcable en su familia, y un recuerdo respetuoso y unánime en el hincha de las camisetas que defendió.

miércoles, 23 de febrero de 2011

LA TANITA DE AVELLANEDA


Manuel Baena era vendedor de vinos en el barrio de Barracas y era muy amigo de Víctor Camaño, por ese tiempo entrenador del equipo de atletismo de River Plate. Una mañana de trabajo lo cruzó en la calle y le advirtió algo que Camaño tomó como improbable: "Te voy a llevar a una campeona de verdad para que entrenes". Don Baena sabía de lo que hablaba. Él era vecino de la familia Simonetto en Bernal y no había podido escapar del asombro, cuando en un picnic estival había visto a la niña en cuestión saltar más alto que nadie una valla colgada a una altura inverosímil para su estatura y -sobre todo- para su sexo.
Noemí Simonetto apenas era una colegiala de 13 años cuando en la mañana del 8 de diciembre de 1939 cuando se vio cara a cara con Camaño para la prueba. Le hicieron correr los 400 metros de la pista y saltar un par de vallas, exámenes que superó a las carcajadas. Camaño, rendido ante las evidencias, fue concreto y tajante: "Señorita, vengase por la tarde al desfile. Ya es atleta del Club". Ese día era el acto inaugural de la Fiesta del Deporte que se realizaba en el flamante Monumental. A Noemí no le alcanzaban los ojos para observar todo lo que quería ver.
La historia de Noemí Simonetto con River se extiende por poco menos de dos años. Transitaba en compañía de papá los varios kilómetros que separaban su casa del Monumental, sitio que para esa época todavía estaba atestado de pajonales y potreros. Entrenada con las veteranas y reconocidas Lelia Spuhr y Olga Tassi, a las que casi sorprende en el Nacional de 1940, llegando segunda en la competencia de los 100 metros llanos. Su nombre era sinónimo de promesa verdadera, y eso fue motivo para que El Gráfico, nada menos, se fijara en ella para dedicarle una portada. La Edición número 1122, aparecida el 10 de enero de 1941, muestra en tapa a una hermosa joven de cabellos cobrizos, con aires de barrio, con una poderosa mirada parda y una banda roja cruzándole el pecho. Días después de aquello cumplió 15 años, y ella lo recordaba como el mejor regalo de su vida.
Para la gran masa todavía no era la tanita de Avellaneda, apodo tierno que se ganó con el correr de los triunfos logrados en todos los puntos del país y el continente. La dificultad geográfica y la pasión de su familia por Independiente, la empujaron a dejar Núñez para representar al rojo de Avellaneda. Los números de su campaña asustan. Ganó 17 medallas (11 de oro) en los Juegos Sudamericanos, compitiendo tanto en salto en alto como en pruebas de velocidad. Fue la primer atleta sudamericana en ganar una medalla olímpica, obteniendo la plata en salto en alto de los Juegos de Londres de 1948, prueba que perdió en el último salto ante la húngara Olga Gyarmati. Luego de eso comprendió que era el tiempo de dedicarse a ser esposa y madre. Eso jamás la apartó del deporte y el reconocimiento. Fue nombrada miembro del Comité Olímpico Argentino, le dieron el Premio Konex al mérito deportivo, y fue galardonada simbólicamente como la mejor atleta sudamericana de la historia.
Este fin de semana, Noemí Simonetto murió. Quiso el destino que River Plate salte a la cancha para jugar su partido ante Huracán vestido de riguroso luto. Es que nunca nadie podrá borrar de la historia que la leyenda de nuestra atleta mas grande, comenzó a escribirse una calurosa mañana de diciembre del 39, en la vieja pista de ceniza del Monumental.

viernes, 14 de enero de 2011

TE RECUERDO ASÍ


¿Se acuerdan, millonarios?. Ese asombro que despertaba su gambeta nueva. Ese enganche desbocado que frenaba de cien a cero en su carrera y el rival que pasaba arando campo abajo, como un skate sin ocupante. Cintura de plastilina que ponía sus piernas en dirección Sur mientras su torso apuntaba aún al Norte. Mago. Atorrante. Hijo del pueblo. Jamás vi con la casaca de River un jugador con tanta clase y tanto huevo junto.
¿Se acuerdan, no?. Hizo renacer los códigos del potrero con ese estilo germinado en los descampados ríspidos del noroeste, allí donde los talentosos son autodidáctas y el juego se descubre en relámpagos de genialidad. Allí donde las patadas se coleccionan como souvenires y las faltas no se cobran, porque es de muy puto para cobrar foul ahí. Desde ese sítio viene obsequiando sonrisas nuestro Burrito Ortega. El de la gambeta rara, el del toque lindo, el del tranco chuequito, el de la avivada pícara. El último gran ídolo. En el recuerdo vivo de la gente habita su gracia inmortal. Allí no morirá jamás. Allí es intocable.
Héroe de tendencia autodestructiva, hija malparida de las tentaciones y de un mambo muy íntimo, la que lo ha llevado a ponerse -esta vez- la camiseta de All Boys de Floresta. Le queda horrible, como le queda cualquier casaca que no tenga una banda sangre en el pecho. Hay tanto gil que habla al cuete, tanto sabio de cotillón, que graficar su padecimiento suena a palabrería infundada. Existe sí, muy dentro de cada riverplatense, una congoja muy nueva. Tantas despedidas con aroma a retorno, que ésta -siempre dolorosa, y tal vez muy esperable- huele a nunca más.
Que feo es cuando las historias no terminan como uno las imagina. Permítanme describir este abollón en el alma con los versos que María Elena escribió en "Barco quieto", mientras me sumo al pueblo millonario a contemplar como el barco que lo transporta se pierde en el horizonte hasta desaparecer.
"No te vayas, te lo pido, de esta casa nuestra donde hemos vivido. Qué nostalgia te puede llevar si de la ventana no vemos el mar. Y afuera llora la ciudad tanta soledad.
Todo cansa, todo pasa,y uno se arrepiente de estar en su casa, y de pronto se asoma a un rincón a mirar con lástima su corazón. Y afuera llora la ciudad tanta soledad.
No te vayas, quédate. Que ya estamos de vuelta de todo y esta casa es nuestro modo de ser.
Tantas charlas, tanta vida, tanto anochecer con olor a comida, son una eternidad familiar que en un solo día no puede cambiar.Y afuera llora la ciudad tanta soledad.
Estos muros, estas puertas, no son de mentiras, son el alma nuestra. Barco quieto, morada interior, que viviendo hicimos igual que el amor.
Y afuera llora la ciudad tanta soledad".
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Otros post sobre Ariel:
Carta a un ídolo autodestructivo.
Siempre habrá una nueva vuelta.
Lo mejor siempre está por volver.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

DON FEDERICO


Seguro que le habrán dicho al Todopoderoso que por allá abajo había dos viejitos que la seguían rompiendo, y así fue que decidió llevárselos para jugar picados a muerte contra otros cielos. Las vueltas del destino han querido que en menos de una semana (el viernes falleció Ramos Delgado), el mundo River pierda físicamente a dos de sus mas altos valuartes, que engalanaron su rica tradición de buen fútbol.
En el mediodía de éste martes 7 de diciembre, murió Federico Vairo. Decirle gracias es poco. Tenía 80 años, pero todavía se adivinaba en ese venerable anciano a aquel rosarino impetuoso de risos rubios y ojos pardos que clausuraba la banda izquierda con una categoría pocas veces vista y vuelta a ver. Le tocó ser partícipe de un River fulgurante y estelar. En 5 temporadas ganó 3 títulos, jugó casi 100 partidos y marcó 4 goles. Fue cuando el "Carrizo, Pérez y Vairo" se sabía tan de memoria como el Padre Nuestro. No cualquiera hubiera llegado a la gran ciudad para calzarse la casaca abotonada sin siquiera pesarle. No cualquiera hubiera dado el piné para cubrir las espaldas de Walter Gómez, Vernazza, Labruna, Sívori, Loustau o Menéndez. No cualquiera hubiese jugado 44 partidos en la Selección Nacional en esos años turbulentos. Pero a Don Federico le sobraba prestancia y guapeza para imponerse ante el mas pintado. Marcaba como el mejor. Jugaba como el mejor.
River lo adoptó como ídolo, referente y formador. Cargó con orgullo y humildad su enorme figura histórica. Cuando llegaba a algún lugar, el silencio se adueñaba de todos, y los más memoriosos murmuraban por los bajo "Ese es Vairo, el 3 del River que ganó todo". Es muy sencillo porque: A las glorias se las reconoce mejor por los silencios respetuosos y no por las ovaciones estridentes.

martes, 7 de diciembre de 2010

NEGRO EL 2


Tal vez lo haya marcado un reto oportuno de José Nazionale –gloria del Lanús de los famosos globetrotters-, luego de que el negro reventara una pelota a la tribuna. “Eh pibe, acá no se hace eso, y menos usted”. Se lo debe haber tomado tan a pecho que luego no pateó nunca más para arriba en su carrera. José Manuel Ramos Delgado. Morochón quilmeño nacido en el 35. Lucía como una estatua fibrosa untada en aceite verde. Porte, estilo, temple, compostura, delicadeza. Jugaba contradiciendo ese abc del zaguero central que supuestamente impone reciedad, vehemencia y mala leche. Continuador de Alfredo Pérez, Julio Meléndez, y Federico Sacchi. Ramos Delgado anticipaba sin chucho casi en silencio, jugaba en puntas de pié, y la daba redondita al mejor parado mientras los aplausos nacían de las tribunas. Tiempista, prestancia, fina estampa, negro pituco. Vino a River en 1959. Jugó hasta el 65 un total de 172 partidos. Armó duplas históricas con Puchero Varacka, Marcelo Etchegaray y Roberto Matosas. Le faltó muy poco para ser campeón.
Después se fue al Santos. Pocas cosas deben ser tan gratificantes para un futbolista como que el mismísimo Pelé te elogie como uno de los mejores futbolistas con los que jugó. Con el "Peixe" hizo historia. Tuvo como compañeros a jugadores como O Rey, Coutinho, Clodoaldo, Carlos Alberto, Gilmar, Lima. Ganó varios paulistaos, y como ese equipo era como Los Beatles del fútbol, salió en interminables giras mundiales para mostrar su juego. Se retiró a los 39 y luego fue DT (en River en 1982) y formador de juveniles.
El Negro Ramos Delgado se murió el viernes pasado. Tenía 75 años y una vida engalanada por un reconocimiento casi unánime. Apenas hizo un gol en su carrera, pero –como dijo Tomás Sanz en su semblanza-, ni falta hubiera hecho, negro.

viernes, 29 de octubre de 2010

QUEJAS DE BANDONEÓN


Permitámonos por un momento viajar a cualquier noche del 40. A la calle Corrientes, al Once, al Abasto, crucemos el umbral del Tibidabo, y acodémonos en un rincón para ver a ese gordo de fabuloso smoking sentarse en una banqueta y desangrar las notas de su bandoneón, fueye con el que arrugaba sentimientos, como el ronronear de una animal triste. Aníbal Troilo vivía y pensaba la realidad como un enorme y prolongado tango. Decía: “El tono de la gente triste es el Re menor. Re, Fa. La, es el acorde de los pobres, porque tiene color gris. La gente que sufre, esa está toda en Re menor”.
Permitámonos también en este viaje imaginario volar a ese barrio de Núñez de los años 40, donde todo era tan nuevo que algunas cosas todavía no tenían nombre. A esa herradura de cemento joven, y acomodarnos al lado del mismo gordo enfundado ahora de elegante sport, para alentar esa casaca vestida por un grupo de artistas del balón, que horas antes habían bailado largo y tendido sus tangos en la noche porteña.
El mito de Pichuco se construyó desde abajo, como los mismos cimientos del Monumental, inaugurado en los años en que comenzaba a ganarse un nombre con su orquesta en el circuito de clubes y firulos donde el tango era Rey. River fue siempre parte esencial en su existencia. Era el socio Nº 814. Hubo un tiempo en que Aníbal no se perdía un partido de la banda, pero la añoranza de esos años locos de La Máquina, y la muerte de Paquito, su asistente y compañero fiel de las tardes de tribuna, lo sumieron en una nostalgia que lo fue alejando de las canchas para siempre.
Troilo hacía hablar al bandoneón. Un prodigio técnico y un inspirado compositor de piezas tangueras destinadas a la inmortalidad. Sur, Responso, Quejas de bandoneón, Discepolín, La última curda. Sus duplas con Cátulo Castillo, Lucio Demare o Roberto Grela son inolvidables. Bajo su ala protectora surgieron soberbios intérpretes de la música ciudadana como Francisco Florentino, Alberto Marino, Floreal Ruíz, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche. Vivió sus días gloria con una humildad que fue ejemplo. Era refinado. Era generoso. Lo acompañaron siempre Zita, el amor de su vida (Troilo con pollera, como la definió Horacio Ferrer); Su fueye alado; Sus mil y una copas de alcohol, y la secreta esperanza de reencontrarse con River en cualquier esquina de la vida. Justo la nueva esperanza desatada en 1975, lo estaba entusiasmando para cantar volver, cuando la muerte lo encontró mal parado y bien bebido ese triste 18 de mayo del 75. Un tango lloró su pena junto a su lápida, y una simbólica bandera roja y blanca quedó a media asta para toda la eternidad.
Había nacido en el Abasto en 1914, aunque su crianza se desarrolló en el barrio de Palermo. Tal vez desde esa cercanía geográfica con el viejo reducto de Alvear y Tagle haya que rastrear su enorme afición por el fútbol y por River Plate en particular. Era amigo de los cracks de la época. Bernabé, Moreno, Adolfo, Labruna, Pipo Rossi eran seguidores de su orquesta se presente donde se presente. Esa que brilló por décadas y que hizo del sonido de su bandoneon un símbolo de Buenos Aires tan grande como el obelisco.
Amo a su ciudad, a su música y a su River. Regaló el talento que Dios le dio. Fue un Porteño de ley, melancólico, bohemio, amiguero. Antes de morir deslizó aquella frase que es ya uno de sus slogans mas famosos: “Yo nunca me voy a ir, ¿Cómo me voy a ir?, si siempre estoy volviendo”. Cumplió. Pichuco nunca se fue. Vuelve seguido en cada recuerdo en forma de tango.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

UNA PENA, UNA


Vista desde River, la vida de Alejandro del Prado, tuvo por lo menos dos organizadores importantes: La radio y el fixture. Junto a la radio lloró largo y tendido una mañana cuando, tomando mate en la cama y levantándose tarde, porque había dibujado de noche, escuchó la noticia de que había muerto Raúl Scalabrini Ortiz. Junto a la radio palideció en diciembre del 62, cuando Nai Foino cobró el famoso penal que enfrentó para la historia a Roma y Delem. Le dijo a su hijo “Andá para arriba. No lo escuchés”, y lo mandó a la terraza. Una ovación trepó por los techos del Barrio de Villa Real, anunciando que algo malo había pasado. Calé subió como si la muerte del mundo hubiera caído sobre su vida. Solo dijo “lo atajó” y se dejó caer al piso, mesándose los cabellos hasta el derrumbe peor.
Poco después de aquello, se murió. Era demasiado para Calé, un hombre que había enarbolado en el tanque de agua de la azotea la bandera de River que le había cosido una novia rosarina, festejando como un campeonato el día que nació su segundo hijo. Y lo del fíxture era así. Según salieran los partidos de visitante, se sabía a que tía se iba a visitar o quién vendría a comer a su casa. Con Huracán sería domingo en lo de Tía Susi, que vivía enfrente del Colegio Bernasconi. Con Platense, en lo de tía Ñata, en la calle Tamborín. Con Vélez, cerca de su casa, llegaría para el almuerzo su entrañable barra de la Revista River: Don Roberto, Bubi Neuberger, El Veco, Juvenal, Genaro Presta, Ulises Bravo… ¿Era excesiva esa relación fatal entre la vida y la tabla de posiciones?. Quién sabe. En su lápida imaginaria, en esa especie de cementerio de Pere Lachaise o Arlington al que los Millonarios van a sufrir juntos por la eternidad, prodría inscribirse el título con que lo despidió El Veco en la Revista River: “Una pena, una”. Pero sobre todo la gloria incomparable de que Martín Pando lo homenajeara, al enterarse de su “retiro”, dedicándole su gol en el 2-0 de River sobre Chacarita que se jugó aquel domingo de su muerte. Vista su vida desde River Plate, Calé diría que valió la pena.
Sus lápices, sus pinceles, sus papeles de dibujo y, sobre todo, su corazón estaban atravesados por una banda roja. Desde esta perspectiva parcial, pero ampliada a otros temas por la agudeza de sus visiones, reflejó el ambiente del fútbol , el del club de barrio, el de la milonga, las pilchas y la moda de la época como pocos. Alejandro del Prado –para todos Calé- fue el gran dibujante costumbrista de los años cincuenta y uno de los mejores de toda la historia gráfica argentina. Lo popular fue la materia con que desarrolló su talento.
Calé nació el 14 de diciembre del 24 en Buenos Aires, pero fue una casualidad el lugar. Su madre estudiaba en Bellas Artes y ni bien recibió su título, se volvió con el pequeño bebé a su Rosario natal. Su vocación artistica innata se potenció por la influencia familiar y el ambiente en el que dio sus primeros pasos. Cuando por fin ancló en la Capital –ya abandonadas sus pretensiones de futbolista y cantor- la noche porteña lo abrazó siguiendo las orquestas de tango. Siempre provisto de su libreta de bocetos, en la cual hacía caricaturas y retratos de los músicos. De allí a probar suerte con sus dibujos y textos en una editorial formal había un paso. Así surgió su memorable “Buenos Aires en camiseta” en épocas en que la revista Rico Tipo tiraba a la calle 200 mil ejemplares y luego su pase a la revista River.
Murió a los 38 años, el 3 de mayo de 1963. Tal vez su corazón no resistió las exigencias de un arte –sostenido a veces en el gremio del café, el wisky y el cigarrillo- que cuando se convierte en un trabajo, con entregas y plazos fijos, suele devorarse a sus propios cultores.

martes, 13 de julio de 2010

UN GRANO EN LA FRENTE


¿Una mujer hermosa que tiene un grano en la frente, deja de ser automaticamente una mujer hermosa?; ¿O sigue siendo una mujer hermosa, solo que con grano en la frente?. Según cómo resolvamos estas preguntas tramposas podremos tener una idea mas clara sobre que nos parece la nueva casaca de River para los próximos torneos.
Hay que tener posgrados en mal gusto para afear a la que es la camiseta mas linda del mundo. En este sentido Adidas fue a lo seguro y confeccionó un equipamiento clásico, con cuello y puños en rojo, con la sigla CARP bordada sobre el corazón, que elimina el color negro, que no juega a la vanguardia, y que trae grandes reminiscencias de una época victoriosa de la institución. No hay que ser demasiado inteligente para darse cuenta que la nueva casaca se parece mucho a la que River lucio en los tiempos del Bambino Veira.
De todas formas, en una veloz recorrida por los foros de opinión, la gran mayoría de los hinchas de River reniegan de una cuestión muy puntual: El escudo colocado en el centro del pecho y no sobre el costado izquierdo, sobre nacimiento de la banda roja. O sea, el grano en la frente del rostro perfecto.
Seguramente dentro de unos días le veremos la cara en forma oficial cuando se haga también el anuncio del nuevo sponsor, que aún no ha trascendido. Allí terminaremos de tomar nuestra decisión: Si preferimos ver el rostro perfecto o nos quedamos con el grano en la frente.

martes, 18 de mayo de 2010

Y TU NOMBRE FLOTANDO EN EL ADIOS


De River no hay que irse nunca, dijo Labruna, pero te vas querido Muñeco, y estas palabras salen a la luz atoradas por el nudo en la garganta que nos dejó tu anuncio. Te vas y entenderlo es difícil pero comprenderte no tanto. Te vas y da bronca que sea éste el momento y la circunstancia, y que tu despedida no sea la soñada, sino apenas decorosa.
Llegará ahora el momento de la nostalgia, Muñeco. Muy a menudo para apreciar una obra de arte hay que tomar un poco de distancia. Hoy, has dejado de protagonizar la historia para formar parte de ella, y de la eternidad no se vuelve. Ya no fallarás pases, no quedarás en off side, no volverás a lesionarte, ya no tirarás penales afuera, ni te harás expulsar. Saldrás de lo habitual, Muñeco, para meterte en el recuerdo en forma de poster, o de foto autografiada. Tal vez ahora, con la distancia que impondrá tu ausencia de la arena cotidiana, dejemos de solo verte, para por fin poder observarte.
Y como no conmovernos con tu adiós, Marcelo. Tal vez ya sabías tu futuro aquella tarde en la Boca cuando capitaneaste al equipo al círculo central de La Bombonera y te fundiste en un abrazo con Almeyda mientras saludabas a la tribuna. Nos faltará tu toque distinto, tu pegada sensible, tu pase medido a un claro que solo vos veías, tu liderazgo positivo, tus salidas de cadena, tu “molesta” costumbre de decir lo que pensabas, tu compromiso, tu amor por la camiseta.
Nos dejas, y es agria la sensación de reconocer que algo mal hicimos para que esto pase. Nos quedan cientos de imágenes tuyas para jugar en la mente a que el tiempo no ha pasado. Y como hombre de tantas tardes de River, permitinos el atrevimiento hacer un alto en la vorágine y recordarte con las medias bajas, el pelo cortito y esa pinta de ballboy de tus comienzos, dejanos volver a gritar aquellos tirolibrazos a Abbondanzieri o a ese chanfle memorable con el que dejaste colgado a Mondragón para toda la vida, en ese 1997 fantástico.
Pero por sobre todas las cosas, querido Muñeco Gallardo, autorizanos a imaginarnos ya un poco ancianos, contándole a nuestros nietos sentados en las rodillas, que hubo alguna vez en River Plate un jugador con tu nombre que fue por muchos años el embajador de nuestra escuela en el mundo, y que de la mano de un talento impar, nos llevó a vivir la gloria de tantas tardes inolvidables.

lunes, 3 de mayo de 2010

2 AÑOS DESPUÉS


El mocoso que piensa sentado sobre la pelota en la vereda de su casa, custodiado por un perro pulguiento y por la infinita calma de una tarde cualquiera en el interior profundo de la provincia de Buenos Aires, es (27 años mas tarde) este escriba entusiasta y amateur que dos, tres o cuatro veces por semana comparte con ustedes porciones de su amor por River a través de este invento milagroso llamado internet.
Amigos, Este blog cumple 2 años. Se preguntarán porqué la foto. Muy sencillo: Una imagen vale mas que mil palabras. ¿Puede una foto resumir mejor que ésta un amor tan incondicional?, difícil. Esta es -por lejos- la mejor foto que me sacaron. Seguramente se parecerá a alguna que ustedes atesoren en sus casas como un recuerdo entrañable de tiempos en donde el amor riverplatense se formaba.
Estamos contentos y con ganas de seguir. Peleándole al tiempo y la rutina que impone otras prioridades. Tipeando y suprimiendo palabras buscando una coherencia estilística autoimpuesta. Atravesamos épocas extrañamente duras y el deseo es acompañar y ayudar en la superación de este trance. En el camino hemos recogido un capital pequeño y valioso de amigos, cuya cultura y discernimiento, no solo enorgullece, sino que también obliga.
A ellos este abrazo.
Y a todos los demás también.

martes, 9 de marzo de 2010

3000 VECES RIVER


Pelito mojado, repiqueteo previo, ruido de tapones, griterío lejano, escudo en el pecho que se expande y se contrae al ritmo de la tensión. Arenga final, rito, ceremonia, vida. Pie derecho en el césped, señal de cruz. Manos arriba retribuyendo el saludo. River a la cancha, hoy como ayer, de 1931 a 2010 una sensación incomparable.
3000 partidos oficiales en Argentina. Es solo un número. Es todo número, pero mucho mas es una historia. Nadie en el país jugó tanto en primera y nadie ganó tantos partidos (1.589). Va detrás de esos 11 muchachos que salen vestidos de River al Libertadores de América, una tradición centenaria. Una historia de lujo y pueblo.
Van los 293 goles de Labruna y el único festejo de Gonzalo Aban. Los mas de 500 cotejos de Amadeo y el único partido de Fabio Spotorno. Las atajadas de Fillol y las macanas de Sodero. 41 vueltas olímpicas y varios tragos amargos. Los 99 gritos de Passarella y los 5 goles en contra del Gallego Pérez. La sapiencia util del Pepe Minella y el raro pragmatismo de Jim Lopes. La visión de Liberti y la delincuencia de Aguilar. Mil verdugos que van desde Palermo hasta Bernardo Houssay. Las gambetas de Walter Gómez. La mano de Gallo. El gol de Pipino a Racing. El festejo del pibe Bruno. La Maquina y los 18 años. El campeón del siglo y el fantasma de la Copa.
3000 veces River. Vaya este pequeño homenaje para este protagonista eterno de los domingos argentinos. Parte fundamental de nuestras vidas. En la cima o en la lona, o como dice el himno, "derrotado o vencedor, mientras vida tu bandera, la izaremos con honor".

martes, 2 de marzo de 2010

LOS RIVER TOONS


Por estos días, discutir la popularidad en el país y en el mundo de una institución como River Plate, es una tarea digna de un cínico o un no vidente. De todas formas siempre dio la impresión que la marca River tiene un potencial poco explotado en materia comercial. Por esta idea expresada anteriormente, hija de cierto conservadurismo implícito en nuestra historia, la aparición hace algunos años de los River Toons produjo una especie de salto hacia delante en esta reticencia histórica millonaria.
Los River Toons fueron una serie de capítulos animados creados digitalmente, nacidos de la invención de una pequeña empresa de animación por computadora llamada Grilla post. La iniciativa fue compartida por la productora y por la institución millonaria con el objetivo de bajar a las masas un claro mensaje de no violencia. Paradojas del destino, la aparición de estas marionetas se propició justo en los tiempos donde se desataba el tramo de mayor conflicto en la interna de la brava riverplatense a pura navaja, revolver, sangre y muerte.
Los River toons aparecieron en la televisión por aire a manera de spot publicitario y también en el tablero electrónico del Monumental, en los partidos de local. En la animación se observan a los jugadores de River Plate (Carrizo, Tuzzio, Lussenhoff, Falcao, Ortega, Buonanotte, Belluschi, Augusto) haciendo gracias con la pelota, en algunos casos con mucha mas fortuna que en la vida real. En la fantasía del cartoon, Federico Lussenhoff salía desde su área con pelota dominada esquivando rivales, algo que ni en sus sueños, jamás pudo hacer.
Pero lo importante de esta iniciativa no es el atributo técnico del dibujito, sino la calidad del mensaje que se pretendió dar. No deja de convocar a la carcajada irónica, que una maniobra bienintencionada haya sobrevolado por las mentes del grupo dirigencial mas corrupto y delincuente de la historia del Club.