viernes, 14 de enero de 2011

TE RECUERDO ASÍ


¿Se acuerdan, millonarios?. Ese asombro que despertaba su gambeta nueva. Ese enganche desbocado que frenaba de cien a cero en su carrera y el rival que pasaba arando campo abajo, como un skate sin ocupante. Cintura de plastilina que ponía sus piernas en dirección Sur mientras su torso apuntaba aún al Norte. Mago. Atorrante. Hijo del pueblo. Jamás vi con la casaca de River un jugador con tanta clase y tanto huevo junto.
¿Se acuerdan, no?. Hizo renacer los códigos del potrero con ese estilo germinado en los descampados ríspidos del noroeste, allí donde los talentosos son autodidáctas y el juego se descubre en relámpagos de genialidad. Allí donde las patadas se coleccionan como souvenires y las faltas no se cobran, porque es de muy puto para cobrar foul ahí. Desde ese sítio viene obsequiando sonrisas nuestro Burrito Ortega. El de la gambeta rara, el del toque lindo, el del tranco chuequito, el de la avivada pícara. El último gran ídolo. En el recuerdo vivo de la gente habita su gracia inmortal. Allí no morirá jamás. Allí es intocable.
Héroe de tendencia autodestructiva, hija malparida de las tentaciones y de un mambo muy íntimo, la que lo ha llevado a ponerse -esta vez- la camiseta de All Boys de Floresta. Le queda horrible, como le queda cualquier casaca que no tenga una banda sangre en el pecho. Hay tanto gil que habla al cuete, tanto sabio de cotillón, que graficar su padecimiento suena a palabrería infundada. Existe sí, muy dentro de cada riverplatense, una congoja muy nueva. Tantas despedidas con aroma a retorno, que ésta -siempre dolorosa, y tal vez muy esperable- huele a nunca más.
Que feo es cuando las historias no terminan como uno las imagina. Permítanme describir este abollón en el alma con los versos que María Elena escribió en "Barco quieto", mientras me sumo al pueblo millonario a contemplar como el barco que lo transporta se pierde en el horizonte hasta desaparecer.
"No te vayas, te lo pido, de esta casa nuestra donde hemos vivido. Qué nostalgia te puede llevar si de la ventana no vemos el mar. Y afuera llora la ciudad tanta soledad.
Todo cansa, todo pasa,y uno se arrepiente de estar en su casa, y de pronto se asoma a un rincón a mirar con lástima su corazón. Y afuera llora la ciudad tanta soledad.
No te vayas, quédate. Que ya estamos de vuelta de todo y esta casa es nuestro modo de ser.
Tantas charlas, tanta vida, tanto anochecer con olor a comida, son una eternidad familiar que en un solo día no puede cambiar.Y afuera llora la ciudad tanta soledad.
Estos muros, estas puertas, no son de mentiras, son el alma nuestra. Barco quieto, morada interior, que viviendo hicimos igual que el amor.
Y afuera llora la ciudad tanta soledad".
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Otros post sobre Ariel:
Carta a un ídolo autodestructivo.
Siempre habrá una nueva vuelta.
Lo mejor siempre está por volver.

2 comentarios:

pelotín dijo...

Lindo post, como siempre. Si se suele decir que cada jugador distinto deja una jugada al fútbol, la del Burrito sin duda sería esa gambeta con frenada de cien a cero que vos describís.

En estos días pensaba cómo compararlo con los otros grandes entre los grandes que jugaron más o menos en su lugar: el Beto y el Enzo.

Quizá aunó calidad y temperamento como ninguno de los dos, pero me parece que por calidad queda tercero en ese podio, aunque ahora es antipático y no viene a cuento decirlo.

Lo que sí preocupa es cuándo volveremos a ver otro ídolo similar, ya no digo igual. En estas condiciones, cuando se vende a los pibes tan rápido, es muy difícil que hagan carrera y se ganen la idolatría. Ya pasó de algún modo con D'Alessandro, que está haciendo ahora en el Inter lo que debería haber hecho en River, como sí pudo el Burrito.

Así que la despedida del Burrito me parece que significa también la de toda una época que parece no vuelve más. Y por eso, si cabe, la pena es mayor.

Grande, Burro. Te vemos en el partido homenaje, con un Monumental a reventar.

Matias dijo...

Mi último gran ídolo.
Gracias por todo, Ariel.
Yo no sé... Quizá era el momento para darle salida, pero jam´s de esa manera tan irrespetuosa.
Por suerte Ariel no se va a ir a besar la camiseta de Boca, como hizo el que lo rajó cuando le pasó algo parecido...