martes 10 de noviembre de 2009

EL JEFE DE JEFES

River 1945 / 1949 – 1955 / 1958. 155 partidos - 7 goles - 5 títulos


Debe ser cierto nomas que hace un tiempo murió Pipo Rossi. Pero permítanme decir que desconfío. Porque aún me parece escuchar ese vozarrón autoritario arengando a la tropa; o porque todavía se puede adivinar su figura espigada haciendo pata ancha en el círculo central, parcela del terreno de juego del cual tiene el título de propiedad; Y porque incluso aún no se ha esfumado su temperamento brutal amansador de compadritos. Dicen que se fue hace unos años. Puede que tengan razón. Pero presumo que no partió del todo. Si hay algo que las leyendas no hacen es morirse.
Hoy no hubiera hecho falta ponerle el apellido en la espalda a su camiseta. Es, fue y será “el” 5 de River. Patrón, fogonero de la máquina, verba hiriente y ponzoñosa que empuja al equipo a la victoria y al rival contra su valla. Pipo Rossi fue el Jefe de jefes. Como un halcón vigía del Monumental, pleno de autoridad, la voz de América. Medía 1,85 y calzaba 44. Metía la suela para amasar el esférico o para planchar canillas ajenas.
Gritaba como un condenado y lo hacía todo el partido. Su caudillazgo alcanzó límites tan inverosímiles del que solo el legendario “Negro Jefe” Obdulio Varela podría presumir. Pero también la rompía toda. Tenía categoría, clase, fineza, huevos, vergüenza. Quienes todavía no peinamos canas, adivinamos cepas de la categoría de Pipo en figuras tan veneradas como Sergio Batista, Claudio Marangoni o Fernando Redondo.
Siempre jugó igual. Pegaba un grito y metía un pase demoledor. La pisaba, hacia pasar de largo al rival y abría la cancha. La bajaba con el empeine o de pecho y partía otro ataque, y otro, y otro más. Trababa y temblaban las paredes, luego levantaba la frente y ponía la pelota al pie del compañero mejor ubicado. Hizo de lo mas difícil del fútbol un arte: Jugar con simpleza.
En River cimentó la gloria de dos períodos inolvidables. Del 45 al 49 y del 55 al 58. Dio 5 vueltas olímpicas. Jugó en la máquina. Le cubrió las espaldas a Moreno y Pedernera. A Sívori, Vernazza y Walter Gómez. A Labruna y Loustau. La casaca de botones le quedaba pintada. Se jetoneó fiero con rivales y árbitros. Ninguno le ganó una discusión. Actuó para la Selección Nacional y también fue campeón en dos Sudamericanos. Viéndolo a él presente en nuestra historia, el apodo de “gallinas” queda absolutamente en ridículo.
Dejó en el recuerdo un millón de anécdotas que pintan en pleno lo que fue: Un señor de códigos. Porteño bicho. Lenguaraz sabelotodo. Se hace muy difícil rescatar de la historia una figura que haya representado a River tan bien como él. Tenía 82 años cuando murió el 13 de junio de 2007. Ya para ese entonces, hacía rato que era una leyenda.

domingo 8 de noviembre de 2009

EL VIA CRUCIS CONTINUA

Newell's Old Boys 2 - 1 River Plate
Torneo Apertura 2009 - 13ª fecha.
Estadio Coloso del Parque - 07/11/09.


NEWELL'S OLD BOYS: Peratta; Machuca, Insaurralde y Fideleff; Roselli, Bernardi, Barrientos y Vangioni; Formica, Achucarro e Insaurralde. Posteriormente Dening, Dolci y Quiroga. DT: Roberto Sensini.
RIVER PLATE: Vega (7); Ferrari (4), Cabral (4), Sánchez (4) y Villagra (4); Barrado (4), Domingo (4), Abelairas (3) y Gallardo (3); Buonanotte (4) y Fabbiani (3). Luego Díaz (4), Rosales y Bou. DT: Leonardo Astrada.
GOLES: Joaquín Boghossian (NOB) 4 pt. Diego Buonanotte (RP) 18 st. Joaquín Boghossian (NOB) 34 pt.
ARBITRO: Javier Collado (mal)
RESULTADO MORAL: Newell's Old Boys 2 - River Plate 0.

Hacer un análisis de la presentación de River en la ciudad de Rosario es un ejercicio desconsiderado para el escribiente, que en el objetivo de aportarle algo piola al lector, pretende esquivarle el bulto a calificativos tan gastados como patético, decadente, desastroso, vergonzoso, lamentable y muchos etcéteras más. Pero hay tardes en las que River no da ni siquiera para ser original, y mucho menos para el análisis. Eterno enfermo en agonía, el River que jugó en el Parque se pareció mucho al de las primeras fechas de Gorosito, y que creíamos -con todas las miseras que se nos han adherido- relativamente dejado atrás.
River perdió en todo, y dejó en cancha tal imagen de impotencia que recordarla hace mal. Perdió de arriba, de abajo, en velocidad, en potencia, en actitud, en concentración. No hay que ser un gran estratega para complicarle la existencia al cuadro de Astrada. Solo poblar la mitad de la cancha y presionar la generación de juego de Gallardo. Listo. El resto de lo que River pueda intentar solo producirá cosquillas en la piel de equipos (como la Lepra ayer) que se juegan la vida por derrotar a una camiseta cargada de historia.
En Rosario, River puso en cancha dos hombres que jugaron parados. Uno porque el físico no le da para otra cosa (Gallardo), y otro porque así es su estilo (Fabbiani). Hartó con infinidad de pases laterales sin sentido y con las anunciadas e inofensivas trepadas laterales de Ferrari. Hizo agua atras y en el medio. Solo pateó al arco dos veces. Así no se le pueda ganar a nadie. Demasiadas ventajas para chocar contra un cuadro, raspador, dinámico y oportunista, que además, está motivado y en racha.
Lamentablemente, si hubiésemos tenido plata para apostar, habría saltaba la banca. Todo River (incluso los jugadores, creo) sabía que tarde o temprano iba a ser boleta de Joaquín Boghossian, el lungo ariete rojinegro. Eso es lo lamentable de todo este bolonqui. Sabemos quienes, cuando, cómo y por donde nos van a lastimar, y nosotros -atónitos, ciegos, impotentes, nunca tan bajo- no hacemos nada para evitarlo.

jueves 5 de noviembre de 2009

LA FINAL MAS SENCILLA

River Plate 5 - 1 Vélez Sarsfield
Final Torneo Nacional 1979 - 19/08/79.


Una vez, un señor con mucho River en su vida, me comentó cual había sido la vez que había visto el Monumental con más gente. Mis respuestas una a una fueron fallando. La final de la Libertadores del 86, La del 96, el juego de festejo contra Racing en el 75, El Superclásico con Maradona y Kempes en el 81. “No flaquito”, me dijo, y tiró una respuesta que me causó una enorme sorpresa, y todavía hoy no la creo. “La final del 79 ante Vélez. Era impresionante, había gente hasta en la ventada de los baños”.
River atravesaba en 1979 la etapa mas sólida de la gloriosa era Labruna. El vestuario del millonario era un cofre de diamantes. Por acá el Pato Fillol, por allá Daniel Passarella y el Negro López, por aquí el Beto Alonso y Leopoldo Jacinto Luque, y por ahí Pedro González, Oscar Ortiz y el uruguayo Juan Ramón Carrasco. River se paseó a lo largo de ese Metropolitano con la suficiencia de una experimentada manequín. Las finales ante Vélez fueron el corolario de una diferencia que saltaba a la vista todos los fines de semana. La diferencia entre un equipo que hacía lo que podía, y otro que hacía lo que quería. Ambos equipos no eran indiferentes. Arrastraban una pica nacida en un cruce de cuartos de final por el Nacional del 78, y alimentada con dialéctica picante en las previas finalistas. La lógica de Vélez se emparentaba con la de los machos jóvenes de la manada que pretenden desbancar al macho líder, y siempre el macho líder los sacaba carpiendo. River sopapeó fiero al Fortín en tres paradas mano a mano (aquella de cuartos del 78, la final referida, y los cuartos del Nacional del 79), claro que un año mas tarde, los de Liniers tendrían la dulce revancha en la Copa Libertadores de 1980. Pero la historia de esa final Metropolitana parecía estar escrita de antemano. River hirió de muerte a Vélez en el partido de ida jugado la tarde del 12 de agosto en el José Amalfitani, con dos goles en 3 minutos señalados por Rubén Horacio Galletti y Pedro González. Una semana mas tarde la banda (de tricolor en esa jornada) completó la faena velozmente, permitiéndole a 75.000 millonarios asistir a lo que realmente habían ido a ver: Una fiesta. Y fue total. Perdido por perdido, Vélez salió a quemar las naves desde el arranque, pero todo intento heroico fue desbaratado rápido por un River iluminado y filoso de contra. Alonso abrió la cuenta a los 13 del primer tiempo. El Nene Comisso estampó el segundo, 4 minutos antes de que termine la etapa. Cuando a los 10 del complemento, Luque toco al gol, aprovechando un rebote de Falcioni, el delirio fue indescriptible. La cuenta cerró en 5-1, con dos impactos de Pedro González y el descuento de Omar Jorge de penal. River fue con Fillol; Saporiti, José Luis Pavoni, Passarella y Héctor López; J.J. López, Merlo, Norberto Alonso y Comisso; Pedro González y Luque. Casi una Selección. Vélez puso a Falcioni; Jorge González, Ruíz, Omar Jorge y Malaquín; Armando Quinteros, Larraquy y Rotondi; Salas, Carlos Ischia y Julio Cesar Jiménez. Arbitró Teodoro Nitti.
Como imágenes finales de una nueva alegría –que se repetiría dos veces más en menos de un año- quedan el legendario corte de manga que Labruna le dedicó al Pibe Falcioni, como diciendo “Ganá algo antes de hablar”. La trabajosa corrida de Mostaza Merlo entre los hinchas para regalarse la camiseta a su mamá en la platea, y el gesto de placer en cada uno de los millonarios que reventaron esa tarde el Monumental, según mi amigo, como nunca en la historia.

martes 3 de noviembre de 2009

LA VITROLETA


¿Como puede uno hablar de un equipo que nunca vio jugar?. Es difícil, pero hay un camino sencillo y si se quiere lógico. Hablar de los jugadores que lo integraron. Y en ese nutrido staff de mas de un centenar de componentes, hay varias figuras que hablan por si solas.
Tal vez uno de los entrenadores más importantes y menos reconocidos de River en los últimos tiempos no haya dirigido nunca a la Primera. Se trata de Jorge Ghiso, orientador entre 2002 y 2006 de aquel cuadro de personal inestable y apodo simpático, que por años le devolvió a la gente de River el deseo de apresura el arribo al estadio para ver la reserva. Está claro que Ghiso nunca fue ni será Van Gaal; Entonces, ¿Cómo puede ser importante un insignificante entrenador de reserva?. Puede serlo, porque por el técnico hablan sus equipos y las propuestas que exhibieron, y esa formación preliminar de River verdaderamente daba gusto. Invitaba al deleite y despertaba la ilusión.
Se recuerdan algunas goleadas aplastantes, varios triunfos ante Boca, y un par de campeonatos, si. Pero eso siempre fue lo menos importante. Aquel cuadrito resaltó sobre todas las cosas por su respeto a un estilo. Ese que los jugadores mamaron desde chiquitos cuando llegaron a la pre-novena y que se fue cultivando a través de todo el derrotero de inferiores. Ese estilo, herencia de figuras y equipos legendarios, es el estilo River. Y la Vitroleta no hacía mas que acatarlo a rajatabla. Por eso podían llegar e irse infinidad de nombres, pero la gracia y el encanto de su propuesta no se perdía.
Miren la foto que ilustra el post. Allí están Poroto Lux, Malevo Ferreyra, Maxi López y Javier Mascherano, orgullos del Club, nombres que representan a los de Cavenaghi, Gata Fernández, Martín Demichelis, Andrés D’ alessandro, Pipita Higuaín, Juan Pablo Carrizo, etc, que también valieron varios millones. Están Nasuti, Pato Toranzo y Lucas Mareque, jugadores ya asentados en primera, tanto como Pitu Abelairas, Javier Gandolfi, Oscar Ahumada, Hachita Ludueña, Rubens Sambueza, Darío Conca o Jesús Méndez. Y también están en la foto Luis Lobo y Andrés Aimar. Chicos que llegaron y desaparecieron, o que aparecieron y enseguida emigraron, o que directamente nunca se consolidaron. En ellos van los nombres de Pablo Frontini, Jerónimo Morales Neumann, Juan Carlos Menzeguez, Marcelo Guaymas, Franco Miranda, Federico Almerares, Diego Cochas o Juan Pablo Raponi, etc.
La Vitroleta fue una fábrica de ilusiones, un depósito de sueños. El banco de prueba y espera para tanto chico prometedor, tanto crack en plena cocción, tanta previa de estrellato. Tal vez con el tiempo se convierta en un mito riverplatense, pero lo cierto es que para que la leyenda se funde, algún atisbo de realidad la tiene que originar. Y para comprobarlo sobran las pruebas y los testigos.

domingo 1 de noviembre de 2009

MI REINO POR UN DELANTERO

River Plate 0 - 1 Lanús
Torneo Apertura 2009 - 12ª fecha.
Estadio Monumental - 01/11/09.


RIVER PLATE: Vega (6); Ferrari (4), Cabral (5), Sánchez (5) y Villagra (4); Domingo (5), Almeyda (6), Abelairas (4) y Gallardo (4); Buonanotte (4) y Bou (3). Posteriormente Rosales (5), Díaz (4) y Ríos. DT: Leonardo Astrada
LANÚS: Marchesín; Grana, Quintana, Viera y Velázquez; Aguirre, Fritzler, Ledesma y Blanco; Salvio y Menéndez. Luego Pelletieri, Salcedo y Pizarro. DT: Luís Zubeldía.
GOLES: Maximiliano Velázquez (LAN) -tiro libre- 31 pt.
ARBITRO: Luis Álvarez (regular)
RESULTADO MORAL: River Plate 1 - Lanús 2.

Gallardo recibe en tres cuartos de cancha, toca a Abelairas, este otra vez al Muñeco, que abre hacia su derecha para Buonanotte. Diego amaga que encara pero vuelve hacia atrás, donde la espera Rosales, que lateraliza para Mauro Díaz. Hay una pared color granate frente a sus narices, entonces, da medio giro y cede otra vez para Gallardo. Así una y otra vez. Así toda la tarde. River dio vueltas en círculos de impotencia. Se mareó en su imperiosa necesidad de puntos y su alarmante carencia de gol. Bajo una lluvia inclemente, las adyacencias del área de Lanús quedaron estropeadas por el barrial, pero las áreas permanecieron impecables. River podría haber jugado toda la tarde, que el gol solo lo hubiera hecho el fantasma de Ángel Labruna que todavía debe merodear por los arcos del Monumental.
En los últimos años, pasaron por la banda, delanteros como Cavenaghi, Maxi López, Abreu, Falcao, Salcedo, Farías, Higuaín, Figueroa. Algunos la rompieron, otros solo cumplieron, y otros apenas la tocaron. Todos ellos tenía el arco entre ceja y ceja, algo que a Buonanotte, Rosales, Ríos, Bou, Gallardo, Díaz, Fabbiani les falta porque no les vino desde la cuna.
Asistimos al juego de River con una ilusión renovada por el triunfo ante Argentinos. Pero esta vez, ni el contagio desde el banco, ni el evidente repunte futbolístico, fueron efectivos ante un equipo que fue práctico en su esquema, y que aprovechó al máximo la ventaja conseguida en ese golazo de Maxi Velázquez. Ese tanto quebró al cuadro de Astrada que hasta ese momento era más. A partir de allí, lo de River fue una persistente y aburrida tocada de timbre, en una puerta que siempre estaba con llave.
Entonces, ¿Que hacemos con el optimismo ganado en La Paternal?. La respuesta es difusa y poco convincente como todo en este River de hoy. Habrá que armarse de paciencia y saber que el camino del repunte es prolongado y borrascoso, y que tan importante como recuperarse de las caídas será asimilar que las mismas pueden volver a producirse.

viernes 30 de octubre de 2009

MOTIVOS PARA SER OPTIMISTAS

Argentinos Juniors 1 – 2 River Plate
Torneo Apertura 2009 – 11ª fecha.
Estadio Diego Maradona – 29/10/09.



ARGENTINOS JRS: Torrico; Caruzzo, Canuto y Scotti; Prósperi, Ortigoza, Mercier, Domínguez y Raymonda; Hauche y Sosa. Posteriormente Coria, Oberman y Bogado. DT: Claudio Borghi.
RIVER PLATE: Vega (7); Almeyda (7), Cabral (6) y Sánchez (6); Ferrari (5), Domingo (6), Barrado (6), Abelairas (5) y Ortega (4); Buonanotte (7) y Fabbiani. Posteriormente Díaz (6), Rosales (6) y Galmarini. DT: Leonardo Astrada.
GOLES: Diego Buonanotte (RP) 29 pt. Mauro Rosales (RP) 34 st. Néstor Ortigoza (ARG) –penal- 44 st.
ARBITRO: Federico Beligoy –mal-
RESULTADO MORAL: Argentinos Jrs 1 – River Plate 2.


Dicen que la memoria vuelve con flashes intermitentes y esporádicos. En eso estamos. A los 29, Domingo afanó una pelota en el medio y cedió a Buonanotte, que sin tocar el balón, habilitó a Ortega con un amague veloz. Ariel esperó el desmarque y la toco justa para la definición precisa y calculada del enano. Tan simple que asusta. Así era antes. Así fue siempre. Así tiene que volver a ser.
El Diego Maradona es –tal vez- la cancha mas complicada del fútbol Argentino. Un cajoncito incómodo e inflamable. Jugar allí es como viajar en el 60 en hora pico. Ellos lo saben y te lo hacen notar. Presionan, apuran, molestan, rematan de lejos, tiran centros de atrás de la mitad de cancha. Vencer allí exige un andar cauteloso a cuatro ojos. Si se sale con tres puntos de allí, se puede salir de cualquier lado. No es por el rival, sino por las circunstancias.
River fue insolentemente mutilado en este tiempo oscuro. Salir adelante requiere del comportamiento médico de los que vuelven a ver o vuelven a caminar. Cuando se empieza, se lo hace a los tropezones, pisada a pisada. Cayéndose e incorporándose. Y en este proceso, River experimenta, deshace y prosigue. Cae y se levanta. Pero va convencido, y eso es evidente desde Astrada. Primero fueron dos pases seguidos ante Huracán, luego vinieron dos ideas seguidas ante Boca. Es hora de que lleguen los triunfos para solidificar los cimientos, y nada mejor que arrancar ante este Argentinos Juniors de Borghi, y en ese reducto tan esquivo para el millonario en los últimos años.
Curados de espanto y aferrados a la prudencia, la noche de La Paternal otorgó varios motivos para fundar el optimismo. Vega y su arrojo incondicional. Domingo y su vuelta del ostracismo a puro fervor y contagio. Buonanotte y su chispa distinta. Almeyda y su categoría a prueba de años y posiciones en la cancha. El fervor de todos, las ganas de pelearle a la adversidad. El apoyo conmovedor del hincha. Tan redonda fue la noche, que hasta Mauro Rosales volvió y se anotó con una definición que hacía tres años se esperaba.
Luego de reptar largos meses a la deriva, parece que, por fin, River a encontrado un destino hacia donde dirigirse. Astrada y el equipo han fundado una idea, han trazado un camino. Es evidente y era necesario. Ganando o perdiendo, acertando y errando, cayéndose y levantándose, allá van. Perdón, allá vamos.

martes 27 de octubre de 2009

LOS PASES DE GARECA Y RUGGERI


Mas allá de sus logros profesionales, Oscar Ruggeri y Ricardo Gareca tienen un dudoso record en el Fútbol Argentino: Ser dos de los jugadores mas insultados en toda la historia. Algo habrán hecho.
Para graficar esta historia millonaria es necesario hablar de Boca y su pasado no tan perfecto, en los arranques de la tumultuosa década del 80. Momentos que llevaron a la autocaratulada y supuesta mitad mas uno al borde de la desaparición. Deudas impagables. Estadio clausurado. Hecatombe interna. Amateurs en primera. Números pintados con fibrón. Gareca, Ruggeri y varios referentes de ese plantel (Loco Gatti, Roberto Mouzo, Hugo Álvez, Jorge Vázquez) estaban on fire porque la dirigencia ni siquiera amagaba con pagarles los sueldos. Al plasmarse determinado tiempo de incumplimiento y haciendo valer su derecho, los futbolistas, iniciaron una huelga por tiempo indeterminado. Pero, pese al revuelo mediático y la inflexibilidad de su postura, la medida de fuerza no tenía el plafón de la unidad absoluta de los manifestantes. Existían dos objetivos muy marcados: Unos iban por el pago de la deuda y otros por la libertad de acción.
A los jugadores los manejaba, el por entonces novel, Guillermo Cóppola, quién operaría la situación con mucha astucia y lograría el cometido de los huelguitas. Dicen que hasta Grondona puso plata. A fin de año Ruggeri y Gareca fueron declarados jugadores libres. De allí, a la firma con River, había pocos pasos de distancia. La doble contratación fue un shock, y verlos entrar al Monumental con la banda roja para una sesión de fotos, fue un pecado para muchos imperdonable.
Gareca y Ruggeri habían debutado en 1980. El cabezón había sido campeón con el equipo de Marzolini y ya mostraba el tinte caudillezco que lo acompañaría en toda su carrera. En tanto que el Tigre, lograría consolidarse a fuerza de goles un tiempo mas tarde, luego de una temporada en Sarmiento de Junín. En 1985 eran hombres de Selección. Jugadores consolidados y apetecibles para el mercado interno. Ellos lo sabían y en su jugada por la libertad de acción arriesgaban toda una carrera.
Por ellos, River envió a Boca a Julio Olarticoechea y Carlos Tapia. Tuvieron experiencias desiguales. Ruggeri fue un pilar enorme del equipo que logró todo en el 86 y se fue a mitad del 88 rumbo al Logroñés de España. Gareca en tanto, solo vistió la banda roja 6 meses y partió al América de Cali, donde enfrentaría a River en las finales de la Libertadores.
Aquel suceso de rebeldía les colgó para siempre en el cuello el cartelito de “conflictivos”. Gareca se fue demasiado rápido como para vivir en carne propia la vendetta de alguna cuenta pendiente. De Ruggeri se encargó su ex compañero Roberto Pasucci en el mismísimo círculo central del Monumental con un planchazo inolvidable.
Igual, su rebelión dejó una huella tan grande que cada tribuna del fútbol local se los recordó todos los domingos hasta sus retiros con un rosario de puteadas, que ya formaban parte del folclore mismo de nuestras canchas.

lunes 26 de octubre de 2009

TIROTEO SIN HERIDOS

River Plate 1 - 1 Boca Juniors
Torneo Apertura 2009 - 10ª fecha.
Estadio Monumental - 25/10/09.


RIVER PLATE: Vega (6); Ferrari (5), Cabral (6), Sánchez (6) y Villagra (4); Domingo (6), Almeyda (6), Abelairas (6) y Gallardo (5); Ortega (4) y Buonanotte (6). Posteriormente Coronel (4), Fabbiani y Díaz. DT: Leonardo Astrada.
BOCA JUNIORS: Abbondanzieri; Ibarra, Cáceres, Paletta y Monzón; Battaglia, Rosada, Insúa y Riquelme; Gaitán y Palermo. Posteriormente Medel, Chávez y Krupoviesa. DT: Álfio Basile.
GOLES: Marcelo Gallardo (RP) -tiro libre- 29 pt. Martín Palermo (BJ) 18 st.
ARBITRO: Saúl Laverni (regular)
ROJAS: Cristian Villagra (RP), Julio Cesar Cáceres (Boca Jrs.).
RESULTADO MORAL: River Plate 2 - Boca Juniors 1.

16:40 pm. Tiempo de bronca.
River avanza raudo ante un Boca timorato. Buonanotte acomoda levemente con su brazo un balón entrando al área, milésimas antes de que Monzón lo levante por el aire. Penal. Ortega se lo pide a Gallardo, y como negarselo. Pero Ariel -un buen ejecutante- hace lo que hacen los malos shoteadores: Anuncia su remate. Presa fácil para un Abbondanzieri adelantado como Roma en el 62. Laverni se quita el problema de encima pensando como Nay Foino aquella tarde, ante la mas mínima protesta. "Aire, penal bien pateado es gol". Lamentablemente tiene razón.
16: 44 pm. Tiempo de explosión.
River es decididamente más cuando Paletta foulea a Bounanotte en posición de 10, a 25 metros del arco. Todo el país futbolero recuerda inmediatamente lo ocurrido 6 meses atras en La Bombonera. Es uno de esos momentos donde el gol se huele. Gallardo corporiza el flashback en un tiro libre chanfleado y precioso que culmina con Abbondanzieri despatarrado dentro del arco, enredado en su impotencia. El rugido del estadio eriza la piel.
17:38 pm. Tiempo de desesperanza.
La mano a cambiado rotundamente y Boca aprieta en la yugular. Gaitán es dañino por derecha. Riquelme se interna entre 4 hombres de River y (dentro de una actuación ordinaria) hace un toque de distinto. Taco para Palermo, que filetea el balón de zurda y lo intrudece abajo, lejos de Vega. Ver ese abrazo de los idolos prohibidos en el Monumental es como morir un poco.
17:51 pm. Tiempo de resignación.
La impotencia y el conformismo han ganado a los protagonistas. Bounanotte (de lo mejor de River) y Monzón van a un balón sobre la raya. El marcador busca el cuerpo pero encuentra el aire. Abelairas llega tocando bocina solo por izquierda. Victor Hugo ensaya el tatatá. Abbondanzieri sabe que está perdido, pero la suerte es su alidada. El balón da de lleno en la pintura roja del palo derecho de la Figueroa Alcorta. El "gooooouhhhhh!!!!" se escucha en todo el país. No hay caso, no será esta tarde.
Tiempo de reflexión.
O somos muy pesimistas, o damos mas por el pito que lo que el pito vale. River fue mucho mas que Boca en el primer tiempo. Jugó concentrado y ejecutando casi a la perfección el plan diseñado. Se pareció mucho a lo que pretendemos, solo que no convirtió los goles que mereció. La torpe expulsión de Villagra cambió los planes en el complemento. Con la pelota como monopolio, Boca llegó al empate sin haber hecho demasiado. Un clásico se gana con juego, actitud y oportunismo. Ya sabemos en cual de los tres items River falló.

viernes 23 de octubre de 2009

JAVIER SAVIOLA


Apareció en Primera y movió todas las estanterías del planeta River. Luego de ese estreno con gol en la Tacita de plata jujeña, cuando ni siquiera era un adolescente, todos los domingos de River cambiaron, porque cada partido suyo significaba una nueva revelación, el encontrarse con algo nuevo, algo vanguardista, algo que se escapaba del molde de lo ordinario, cosas disparatadas que brotaban de la inventiva de un pibe prodigio en la cumbre de su “inconsciencia” futbolística. Un caño absurdo, una gambeta irreverente, un pique electrizante, una definición inapelable, un gol, y otro gol, y otro, y otro, y otro más. Celebraba con una pirueta destartalada, y cuando caía todos rezábamos para que estuviese entero, de tan frágil que era.
Fue tal el sacudón que provocó su irrupción que -con apenas 3 años con la banda- se volvió inolvidable. No lo hubiera sido si no fuese un tesoro de la casa. No lo hubiera sido si no fuese un notable delantero. Convirtió 54 tantos de todos los tipos y colores y ante cualquier adversario, escenario y circunstancia.
A caballo de sus goles y su memorable dupla con Pablo Aimar, River ganó el Apertura 1999 y el Clausura 2000. Tuvo jornadas apoteóticas. Una sábado a la noche ante Estudiantes en 1 y 57, liquidó dos mano a mano con la frialdad del mas avezado veterano. Una tarde ante Newell’s, tomó el balón a 70 metros del arco y desde allí partió como un rayo, esquivando rivales y patadas, hasta cederle el gol a Aimar en el área chica. Otra tarde, en el Chateau Carreras, inventó dos apiladas maradoneanas sobre el final para definir un partido chivo ante Belgrano.
Por supuesto que una joya tan cara podía durar muy poco en una vidriera como la de Núñez. Fue Barcelona quién se lo llevó desembolsando la friolera de 22 millones de dólares. Unos días antes, sus festejos (11 de 7 partidos) y su talento (Botín de oro del Torneo) empujaban al Sub 20 de Pekerman a ganar el Mundial Juvenil de 2001 disputado en nuestras tierras.
Barcelona lo recibió como héroe y salvador, cosa que nunca fue. Decir que fracasó en el cuadro Culé es un absoluto error (72 goles oficiales), pero por aquellos lados todavía se espera una explosión suya que nunca ocurrió. Tuvo dos buenas temporadas iniciales en el blaugrana, pero en la comparación entre inversión y resultado, la sequía de títulos y su elevado cachet, le abrieron la puerta de salida a nuevos aires. Se fue prestado una temporada a Mónaco (17 goles) y luego otra a Sevilla (15 tantos), donde ganó la Copa UEFA del año 2006. Finalizado el vínculo con los Catalanes, Real Madrid se lo llevó para la Casa Blanca, más por encono que por otra cosa. Jugó poco y espaciado. En dos años apenas hizo 3 goles.
Fue protagonista de la Selección en la era de Bielsa y Pekerman. Ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas. Jugó en buen mundial de Alemania con grandes partidos ante Costa de Marfil y Serbia y Montenegro, aunque discutiblemente, Pekerman lo apartó del 11 titular en el partido definitivo ante Alemania en Berlín. Hoy ha mudado sus goles a la ciudad de Lisboa para vestir la casaca roja del Benfica. Allí lo recibió su viejo compadre de tantas tardes del Monumental, Pablo Aimar. Tal vez sea este un acontecimiento premonitorio para el ansiado retorno de la legendaria dupla a la plataforma que los lanzó al mundo. Sería una fabulosa noticia para el mundo River, que hace ya varios años espera que sus estanterías vuelvan a sacudirse.

martes 20 de octubre de 2009

OMAR ARNALDO PALMA

River Plate 1987 / 1989 - 49 partidos - 7 goles - 1 título.

Si en verdad existen cotejos que definen el recuerdo que se tiene de un jugador. No quedan dudas que el partido que los hinchas de River recuerdan del Negro Palma es ese superclásico del 87, cuando con su gol, el Millonario dio vuelta el partido y terminó ganando 3-2, luego de que el mismo Palmita tirara un penal a los chapones que vendían Cinzano al minuto de juego. Fue esa media chilena agónica y antiestética con la que doblegó a Genaro en el arco del Río de La Plata, la acción mas redituable de sus 2 años en River. Puede que suene a poco si se tiene en cuenta el ruido que provocó su llegada, pero ese grito ante Boca hizo que Palmita entre en la historia de River por el portón de los buenos recuerdos.
Palma era un talentoso, una ratita negra que se escabullía con gran dominio de las situaciones mas apremiantes. Era veloz, encarador, tenía clase en el toque, poseía una gran pegada, y llegaba al gol con frecuencia. Cuando los años le fueron quitando la explosión a sus piernas, se retrasó para jugar al lado del cinco. Allí se convirtió en eje de juego –algo así como el Pirlo de Milan- y así manejar desde su experiencia los hilos de su equipo. Jugó sin problemas hasta los 40.
Llegó a River a mediados de 1987. Estaba en el mejor momento de su carrera luego de haber sido genio y figura de la gran campaña del Central campeón de la temporada 1986/1987. Pero en River rara vez pudo aparecer en su real dimensión. Tal vez fue muy fuerte la presión que los medios y los hinchas pusieron sobre él. Tal vez la casaca le quedó grande. Tal vez no tuvo suerte con alguna lesión traicionera. Eran épocas de recambio en el Millonario, primero al comando de Griguol, con un equipo empachado de tanto éxito, y luego con Menotti, que trajo consigo una horda de caciques, que nunca pudieron y quisieron armar un equipo. Con ninguno de los dos técnicos fue titular indiscutido.
Jugó su último partido con la banda (ya con Merlo como DT) justamente ante Boca, en la cancha de Vélez, el día de la piña de Graciani y Serrizuela y la despedida de Passarella. Nadie se puso triste cuando días mas tarde se anunció su traspaso al Veracruz Mexicano. Se fue con un título bajo el brazo –la Interamericana de 1987-, y un gol inolvidable como todo patrimonio.
Había debutado en Rosario Central en el año 1979. En el Canalla ganó el Nacional del 80 y el Campeonato 86/87. Sufrió una fractura de peroné y un descenso en el año 1984. Jugó prestado seis meses en Colón cuando la reestructuración de los torneos de AFA obligó al canalla a parar seis meses. En los Tiburones de Veracruz todavía recuerdan su dupla con Jorge Comas, y un memorable gol a Paco Buyo, arquero de Real Madrid, luego de un slalom de 40 metros. Retornó a su Rosario querido en el 92 y se dio el gusto de volver a dar una vuelta olímpica, en la Conmebol del 95.
Sin la pelota como horizonte, Palmita se afilió al Peronismo y en 2005 fue elegido como intendente de la localidad santafecina de Ibarlucea. Desde su despacho sigue tratando de hacer lo que hacía siempre: Regalarle sonrisas a la gente. Su tarea no es sencilla, ya que ahora no tiene el poder de gambetear un defensor y meterla en el ángulo.