miércoles, 1 de agosto de 2012

"MATAR A PASSARELLA"


   El Hotel El Mirador es tan austero como la localidad que lo cobija. Mar Chiquita. Hay un solo televisor en el hall y un único teléfono en la oficina de recepción. Se llega por la Ruta 11, adentrandose luego hacia la izquierda por unos dos kilómetros de pavimento austero. Son las 19:30 del viernes 29 de enero de 1993. River acaba de concluir el último entrenamiento de su pretemporada y retorna a la posada para descansar y esperar el partido del día siguiente ante San Lorenzo en Mar del Plata y luego el ansiado retorno a Buenos Aires tras 17 días de castigo en los médanos. A mitad de camino hay un pequeño puente que cruza el arroyo El cangrejo que separa en dos mitades el pueblo. Es allí, camuflados en el papel de solitarios pescadores, donde 4 ojos fisgoneaban el paso del colectivo con el plantel millonario, era la señal que esperaban para dar el zarpazo que tanto habían tramado. Había en sus mentes sed de poder y de revancha. La coyuntura deportiva del momento –Boca campeón tras 11 años, Comizzo borrado sorpresivamente del plantel- lo propiciaba.
   Una hora más tarde, una vetusta camioneta Dodge azul aparca en el hostal. Bajan raudamente 2 personas envalentonadas por la inconciencia, el alcohol y alguna otra cosa más. Sobrevienen cinco minutos de terror. Uno de ellos lleva una manija de crique en la mano, el otro una filosa navaja. El profe Pizzarotti y el utilero Carlos Peralta son los desafortunados en recibirlos en el hall. Ligan duro y parejo. El tumulto aplaca el eterno relax de un lugar simple y familiar. José Miguel y Daniel Passarella, que charlan sentados en el comedor, salen al rescate. Rapidamente, el entonces entrenador, pasa a ser foco exclusivo de los maleantes. “Passarella hijo de puta, poné a Comizzo”. Un navajazo revoleado tajea el ocaso y abre la oreja izquierda del Kaiser. Hay estupor. Un segundo de duda permite que Pizzarotti, en un enorme acto de valentia, tome por la espalda a uno de los facinerosos hasta caer juntos al suelo. Más joven, más fuerte, y más sacado, el barra se incorpora primero y tiene a merced del puntazo al veterano profe. Un instante antes del ataque letal una voz conocida le frena el brazo en medio del recorrido. “Pará Sandokán!!!, que vas a hacer?!!!”. Era el Tolo Américo Gallego. Los delincuentes comprenden que es el momento de la retirada y rápidamente se pierden en las sombras de la noche.
   “Sandokán” era el nombre de guerra de Miguel Alejandro Cano, un pesado que supo conocer el verdadero poder de la barra en los tiempos de Hugo Santilli, pero que había sido apartado de las altas esferas del paravalanchas conforme al cambio de dirigencia de principios de los noventa. Buscaba volver al reinado perdido y –de paso- lavar una afrenta personal que le lesionó el orgullo de matón, cuando el 26 de julio de 1991, Daniel Passarella lo echó a las piñas de la concentración del Monumental, tras una visita nocturna a los jugadores para pedir guita y entradas.
   Cano era changarín y alquilaba una piecita de hotel en la zona de Villa Martelli. No son pocos los que juran haber escuchado de su boca aquello de que un día de estos iba a “matar a Passarella”, en medio de charlas beodas rememorando sus días de gloria al comando del hampa. De aquellas épocas provenía su amistad con Ismael Guassardo, su compañero de correrías en aquella jornada balnearia. A Guassardo le decían Melena y la leyenda del tablón cuenta historias inverosímiles de sus enormes pelotas a la hora del aguante, pero que lo describian como bastante desequilibrado como para arribar a la mesa chica de los bravos, allí donde no solo se debe poseer vocación para la rosca sino frialdad para el negocio y la estrategia.
   La repercusión del altercado cobró velozmente alcance nacional y la Policía no tardó en caerles. Se habló de penas duras, de medidas de fondo, de punto de inflexión, de “basta de violencia”, bla, bla, bla. Finalmente pasó lo que se suponía iba a pasar. Cano y Guassardo fueron condenados y cumplieron penas de 8 y 6 meses de prisión y todo se olvidó con el retorno del campeonato Cuando volvieron a la luz la historia ya había cambiado. Passarella al poco tiempo se fue de Núñez rumbo a Ezeiza, y la barra, gradualmente fue reemplazando sus fichas conforme al crecimiento descontrolado de la maquinaria de violencia, extorsión y pillaje que conocemos hoy. Sandokan y Melena son eslabones de una prolongada cadena forjada con dinero y sangre, donde hasta el propio Passarella (el mismo que alguna vez le plantó lucha a trompada limpia) es responsable de no erradicar y detener.

10 comentarios:

dalmassito dijo...

Hola gente. Estamos de vuelta. Bienvenidos....

Marcelo dijo...

Bienvenido vos con este blog muy interesante

Centrojas dijo...

Se agradece tu vuelta dalmasitto, el tipo de la foto que habia sacado el grafico y que usaste en el post no era Sandokan, se parecian en que los dos usaban barba nada mas

los medios vienen mintiendo hace rato

Enrique dijo...

A partir de este hecho es que siento que, luego del descenso, el principal fracaso de la gestión de DAP es el renovado poder que cobró la barra puertas adentro del club.

Gran posteo Dalmassito, un abrazo.

Marcelo desde Mendoza dijo...

Que bueno el regreso Adrian ..te extrañabamos un abrazo

dalmassito dijo...

De verdad no es Sandokan?... el título de esa foto de el grafico es "Se va Passarella" y argumentaban la bronca en aquel momento por la reaparición de este mono...

no tengo otra foto de él, asi que quedará la de este impostor

abrazo

roberto dijo...

Un placer volver a leer este blog dalmassito. Que epocas!! Mar Chiquita conoci un par de años despues el lugar y era un hotel de 2 estrellas como mucho y pensar q ahora se quejan por una manchita de humedad y la cama sin hacer algunos. En esa epoca el capo era un tal He MAn , eran otras epocas , para todos. Ahora DAP lamentablemente esta en otra postura. Pasan los años y todo sigue igual.

tony del bajo dijo...

Sandokan no es el de la foto. Era morocho y corpulento, y lo que lo caracterizaba y le daba el apodo era la barba. A mediados de los 80andaba por los corsos con la murga "los tricolores", de San Martín. Las leyendas de Melena no son tan inverosímiles, era capaz de cualquier cosa desde chiquito. Dos personajes marginales auténticos con finales previsibles por ese camino.

Anónimo dijo...

Dalmassito, ese no es Sandokan, te linkeo al verdadero

http://www.elgrafico.com.ar/edicion_impresa.php?id_edicion=9778#anchorTapa


Claudio

Anónimo dijo...

http://www.elgrafico.com.ar/edicion_impresa.php?id_edicion=9778#anchorTapa
sandoka = negro peron = miguel angel cano .... vivia en martelli un hotel de viete y heras viejo, compra en la almacen de duila siempre regala entrada para los partidos en martelli .. el osito alejandro paleta era la mano derecha de el .... aguante los borrachos del tablon ....