viernes, 12 de febrero de 2010

CARLOS BABINGTON


La historia de Carlos Babington y River nació mal parida, y como toda historia surgida de un aprieto inesperado, caminó -mas rápido que lento- a un irremediable y rotundo chasco. River realizó una apuesta fuerte con su figura, discontinuando una tradición altamente efectiva: La de entrenadores surgidos del riñón de la institución. Podrá decirse que la experiencia del ingles en el banquillo millonario fue un paso en falso, pero tal vez lo mas acertado para clasificar su ciclo al frente de la banda sea la palabra fracaso.
Por aquellos días de finales del 94, nadie en el Mundo River se animaba a sospechar que Américo Gallego le diría no al ofrecimiento de continuidad, tras el brillante campeonato invicto logrado en el Apertura de ese año. River le ofreció el oro y el moro para prolongar el ciclo, pero el Tolo privilegió la lealtad al dinero, y marchó –fiel a su palabra- a acompañar a Passarella en su experiencia en la Selección Argentina.
La dirigencia movió rápido las fichas y arrimó a Núñez a un entrenador alejado del palo, pero que se encontraba en un inmejorable momento, tal vez el mas alto de su carrera. Babington había sido campeón con Huracán y con Banfield en el ascenso, y el fabricante de un Racing Club protagonista en el Apertura 1993.
Tuvo un buen comienzo. Su River le ganó a Boca un Superclásico de verano en Mendoza 2-0 con goles de Amato y Berti. Pero algo en él no convencía. Muchos recuerdan la parada de carro que Davicce le dio luego de una de sus habituales trasnoches en La Raya con Basile, Merlo, Chiche Sosa y otros amigos del faso, el whisky y la bohemia. “Tené cuidado. Esto es River” le dijeron. No se sabe si tuvo tiempo para comprenderlo del todo.
En 1995, River era como una joyería de la 5ª Avenida. Enzo, Berti, Ratón Ayala, Ortega, Gallardo, Almeyda, Hernán Díaz, etc. En los 6 meses que estuvo a cargo, Babington afrontó la doble competencia de Libertadores y Clausura. En ambas defeccionó. En el Torneo doméstico conquistó un par de victorias resonantes (3-2 a San Lorenzo, 4-1 a Independiente), pero fueron mas las caídas estrepitosas (0-1 con Jujuy, 0-2 con Español, 2-4 con Boca). Su caballito de batalla era la Libertadores, pero aquí, al inglés, el destino no lo ayudó. Había arribado a cuartos de final donde tenía que vérsela con Vélez, pero la Copa América a jugarse en Uruguay obligó un paréntesis en el calendario. En ese mes y medio de receso la mala onda se acentuó, tanto que Davicce decidió poner a Babington de patitas en la calle. Todos creen que cuando tomó esa decisión, estaba seguro de que su reemplazante iba a ser Gallego. Finalmente quien ocupó el banquillo de suplentes fue Ramón Díaz. Una movida arriesgada y –con el tiempo- absolutamente exitosa para la gloria millonaria.
Babington agachó la cabeza y realizó el duelo en silencio Recién cerró el circulo de su bronca, explotando 6 años mas tarde a puteada limpia, cuando una victoria de su Huracán ante el River de Gallego, le quitó al millonario la chance de una vuelta olímpica.
Nada mejor que los recuerdos instalados en la gente para resumir la magnitud una historia o para evaluar el talante de una gestión. La gran parte de la masa riverplatense se acuerda de Babington no por su estilo de juego o por sus grandes victorias, sino por el curioso jugueteo que hacía en su boca con la colilla del pucho recién terminado.

3 comentarios:

GeorgeCLINTON dijo...

Muy buen post. Indudablemente un DT que no estuvo a la altura del club. Todavía recuerdo sus desafortunadas declaraciones refiriéndose a equipo A y B, los players se lo querían comer.

Manu dijo...

Le quedo muy grande el saco de dt millonario, ni mas ni menos

charro dijo...

Sacando la etapa de Aguilar, la recuerdo como la peor etapa futbolística de River.

Tenía una convicción de juego que nunca plasmó en la cancha y solo le sirvió para destruir lo que habían armado Passarella y Gallego. Ese River tenía jugadores monstruosos pero River deambulaba por las canchas sin una idea de juego.

Fue uno de los técnicos que más broncas me despertó.