miércoles, 26 de mayo de 2010

HECTOR RODOLFO VEIRA


Mucho antes de que su alter ego se lo fagocite como leños de una hoguera. Antes de preferir acomodarse en el confort de la carcajada cómplice y la simpatía popular. Antes de volverse un exagerado relator de anécdotas y de dejarse llevar por las luces de la caja mágica y la gran ciudad. Antes de todo eso, el Bambino Veira alguna vez fue Director Técnico de fútbol. Y uno de los muy buenos.
Cuando llegó a River a mediados de 1984, Veira tenía un objetivo muy diferente al que finalmente consiguió. Sumar lo mas posible porque el descenso era un problema no muy lejano. Había debutado en Banfield en el año 1982, y había explotado formando un gran San Lorenzo en el año 1983, equipo que empujado por el fervor de su gente en el retorno a primera, le peleó palmo a palmo el título a Independiente.
Enseguida Veira mostró que tenía apta la muñeca para dar un golpe de timón. Le quitó a Roque Alfaro el peso de la conducción del equipo y lo envió a la izquierda del mediocampo donde encontró espacio para correr y tiempo para pensar. Bajó al Negro Enrique de wing a volante derecho y descubrió un jugador colosal, virtuoso y arrojado. Desató las alas de Francescoli colocándolo en la delantera con el simple mandato de hacer lo que quisiera. “Si Francescoli no triunfa en River, yo no dirijo nunca más”, dijo. Sus cambios fueron tan evidentes como beneficiosos.
Debutó con una derrota ante Vélez, la bestia negra de esos años, pero el equipo enseguida mostró síntomas de recuperación y encaró el 85 con intensiones serias de ganar algo. No se pudo en el Nacional, batido en semifinales otra vez por El Fortín. Pero ya para el flamante torneo Temporada 85/86 la verdad era evidente. River era el mejor equipo de todos por lejos. Liderado por el talento supremo de Enzo, otros hombres alcanzaron por esos días el rendimiento mas alto de sus carreras. Claudio Morresi, Héctor Enrique, Luis Amuchástegui, Roque Alfaro. River era un cuadro suntuoso. Te mataba en defensa, tenía piña de nocaut y con espacios era letal.
La partida de Enzo obligó a Veira a conformar un River mas cauto, contragolpeador y –tal vez- mas apto para jugar la Libertadores, en cuyos partidos a veces conviene tener una armadura de hierro debajo de la camiseta. Con los goles de Alzamendi y el resurgir de Alonso, mas la personalidad de un equipo de hombres con hambre de gloria, River levantó esa Copa tan esquiva y se dio el lujo de adueñarse del mundo, aquella madrugada gloriosa ante el Steaua de Bucarest.
Cuando Funes clavó el 1-0 en aquella final ante los colombianos, el Bambino terminó el festejo arrodillado en el círculo central del Monumental. Así era Veira, locuaz, extrovertido, de una avasallante personalidad, un playboy de pelo rubio y facha cuarentona. Era un motivador formidable y un entrenador de ideas sencillas y claras. Se fue de Núñez a mediados del 87 y no volvió más. Siempre su nombre sonó para un retorno pero nunca se dio, y está bien que eso haya pasado. El Bambino nunca hubiera podido igualar lo que realizó en aquella formidable campaña. Hoy el hincha lo guarda en el corazón como un grande de nuestra historia. Y ante eso no se compite. La vida le regaló nuevas alegrías (campeón con su San Lorenzo en 1995) y horribles sinsabores (Affaire Candelmo y prisión en Devoto). Hoy a los 60 y pico, es un señor entrañable, distendido en su función de periodista y personaje. Pese a una dilatada campaña, el Bambino es uno de los pocos hombres de nuestro fútbol que se puede dar el lujo de ser bien recibido en todos los estadio del país. Algo habrá hecho para lograrlo.

5 comentarios:

Centrojas dijo...

un grande, lastima que con el ptiempo se lo comio el personaje.
Hace un par de años me comparti una tarde con el por cuestiones laborales y cuando me acerque para agradecerle por lo que hizo en nuestro equipo con una sonrisa me dijo: "viste que lindo que fue"

y si ese River esta entre los mas lindos que vi en mi vida


PD: Morresi merece post homenaje

GeorgeCLINTON dijo...

Muy buena reseña. El 1er. párrafo ilustra perfectamente lo que fue Veira como DT.

Era de los buenos en su momento, y no solamente en su faceta motivadora, sino en encontrar jugadores y soluciones. Cuando se fue el Enzo, antes del Mundial '86, todos pensábamos que iba a ser dificil ganar la Copa luego del Mundial ya sin él. Sin embargo Veira fue capaz de encontrarle la vuelta al equipo, lo re-formuló como bien dice el post, adecuándose a las circunstancias y lo que había, y con eso nos llevó a lo mas alto.

Eso me hace acordar a Ramón y Gallego, otros 2 dts que permanentemente son nombrados para sus regresos a River, pero que si no es con una catarata de dinero y refuerzos de nivel internacional, jamás agarran. Así cualquiera...

Gustavo Cardone dijo...

Para mí hay tres técnicos en la historia contemporánea de River: Labruna, Ramón Díaz y Veira. Se le podría agregar Gallego, quien cuando agarra un equipo lo saca adelante. Pero los tres primeros están en el podio. Pensé que el Bambino iba a volver algún día, pero como dijo Centrojás el personaje prevaleció al entrenador.
Saludos
Gustavo

Matías Rodríguez dijo...

como personaje, como tecnico y como jugador supo guardarse un lugar en el corazon de todos, independientemente de camiseta o escudo eso creo que lo hace grande a pesar de logros y traspies, un fenomeno de verdad, muy buen sitio amigo, un saludo

Marcelo desde Mendoza dijo...

Gran recuerdo el Bambino merece un lugar destacado de nuestra historia , coincido con Gustavo. Tuvo quizás al igual que Labruna y Díaz un plantel de grandes profesionales porque convengamos que podíamos armar 2 equipos muy fuertes ambos . Le tocó en suerte contar con fenomenos irrepetibles como el Beto Alonso y el Prícipe y tambien con grandes caudillos como Ruggeri y el Tolo Gallego .
Para mi punto de vista el principal argumento del Bambino era la motivación ya que los jugadores entraban a la cancha y nunca arrugaban .
Idolo Total el Bambi , el libro Bambino , Personaje de Buenos Aires , que leí con muchas ganas es un verdadero muestrario de anécdotas y vivencias de un gran tipo como el Bambi . Para los que no lo han comprado no duden en hacerlo .