miércoles, 8 de septiembre de 2010

EN BRASIL POR PRIMERA VEZ

Vasco da Gama (Brasil) 0 – 2 River Plate
Supercopa Joao Havelange - 30/10/97

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Era jueves y Río de Janeiro amaneció, como siempre para variar, sensual y peligrosa. Como una apiñada manta de edificios recostada sobre los morros de la bahía de Guanabara, olorosa a mar, bronceador y bolsita de pegamento. Era jueves y sin embargo la ciudad maravillosa sabía distinto, como expectante y maliciosa. Un clima de guerra deportiva se adivinaba desde la portada de los diarios como “Hora da vinganca” de O’ Día o “E tudo o nada, vascao” de Folha do Río. River Plate era por esos días claramente el mejor equipo del continente y Vasco da Gama (campeón carioca y brasileño, y aspirante al trono millonario) lo aguardaba con el dedo en el gatillo. Debía ganar o ganar para ser semifinalista de la Supercopa, y para eso estaba dispuesto a llegar hasta el límite e, incluso, a superarlo.
Luego de un arranque espectacular con cuatro victorias al hilo, la posibilidad de no clasificarse en el grupo no se había pensado seriamente en Núñez, pero una serie de resultados adversos (caída 1-2 ante Santos en la Villa Belmiro, y 2 éxitos como visitante de Vasco) hicieron que la travesía a Río, que se había pautado en principio como un test para suplentes, se transformara en un examen decisivo: Para pasar de ronda no había que perder en Brasil.
Los directivos cariocas tomaron conciencia de lo que había en disputa y quisieron sacar tajada de su influencia. Intentaron mudar la sede del partido al estadio Vivaldao de Manaos, querían los 300.000 dólares de derechos televisivos, y que el efecto de la fatiga (2000 kilómetros mas lejos que Río) y el calor humedo del amazonas haga mella en los físicos millonarios. Como River se negó rotundamente, Vasco impuso entonces jugar en el Sao Januario, su pequeño y vetusto estadio, ubicado en zona de favelas, con tribunas pegadas al campo de juego, donde Vasco tenía fama de invulnerable.
Pero hubo mas. Los brasileños no dejaron a River hacer el reconocimiento del estadio alegando tareas de refacción impostergables. Tampoco suministraron agua caliente a los vestuarios y omitieron invitaciones protocolares para los dirigentes argentinos en los habituales ágapes de la Conmebol. Por supuesto que hubo piedras para el colectivo. Había olvidado Eurico Miranda (mandatario vascaíno) que River levantó la mano en la Confederación para que se aprobara la participación de su equipo en la Supercopa, omitiendo el detalle fundamental de haber ganado previamente una Copa Libertadores. Vasco abogó para que se considere como oficial el Sudamericano de Clubes de 1948 jugado en Chile que los cariocas ganaron, superando justamente, a River en el juego decisivo.
De todos modos, hubo un ítem que ninguna treta pudo desbaratar. River era mucho mejor equipo que Vasco, cosa que había quedado evidente en el juego de ida, cuando los de Ramón Díaz se habían despachado con un show de fútbol y goles que culminó en goleada 5-1. En la premeditada hostilidad del Sao Januario, River sacaría a relucir una faceta no muy utilizada. El carácter. Bancó con aplomo un escenario plagado de contratiempos, golpeó fuerte en el momento justo, y manejó el trámite del partido con la prestancia de los grandes cuadros de nuestra historia. Fue 2-0. Rotundo e inapelable.
El Pelado repitió esa noche una apuesta que había resultado mucho en los juegos de Libertadores del año 96. Juampi Sorín de volante por la izquierda. Burgos; Díaz, Ayala, Berizzo y Placente; Escudero, Astrada, Sorín, Berti; Gallardo y Salas fueron los titulares. A los 5 minutos, el Matador sacó a pasear a Mauro Galvao y de la infracción llegó el tiro libre que Gallardo dejó colgado en el ángulo derecho de Carlos Germano. Golazo. Con el 1-0 Vasco se cegó y perdió la compostura, comenzó a levantar la suela y reclamar cualquier cosa. El juez chileno Eduardo Gamboa, harto de sus ademanes tribuneros, echó a Edmundo (estrella local, tan jugadorazo como tarado). Entonces comenzó a primar el toque y la experiencia de un equipo que sabía lo que quería. El gol de Salas en el complemento, definiendo cruzado una veloz contra, desencadenó el precipitado final. Fue expulsado el lateral Felipe por un patadón y la impotencia explotó en las tribunas. Los torcedores arrojaron una lluvia de proyectiles hasta que uno de ellos le acertó en la nuca al línea Riquelme. La suspensión estaba cantada. Faltaban 20 minutos. Fue esta la primer victoria de River en suelo brasileño, por torneos oficiales.
Todos sabemos como concluyó la historia. River ganaría esa Supercopa y también el Apertura de 1997. Fue esa la semana mas importante de todo el semestre. 4 días antes del choque ante Vasco, River había perdido ante Boca en el Monumental. 3 días luego, ya con la clasificación en el bolsillo, recuperaría el liderazgo del torneo casero goleando a Platense y aprovechando una caída de los primos a manos de Lanús.
Así era la historia por esos días. Tiempos en los que los malos momentos de River Plate duraban apenas una semana.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Gran recuerdo !!


una primera victoria muy demorada , injustamente demorada quizás por la propensión a jugar "como siempre" torneos que requieren tácticas de fútbol acordes a lo "extra" futbolístico que proponen los rivales sucios ...


Sorín de volante , pensar que en la selección jugó así , sobretodo con Pekerman , claro que en una línea de 3 ...


que EQUIPAZO !!



saludos , Jorge .

Centrojas dijo...

Ese equipo fue el mejor en los ultimos 30 años, solo le falto la gloria en japon cuando nos topamos con los tanos de la juve que tomaban la misma que les daba el toto lorenzo a los bosteros en los setentas.

parrafo aparte para la camiseta, de las mas feas que tuvimos, la suplente siempre siempre tiene que ser tricolor y si quieren una mas que hagan la roja del 86 que tambien es hermosa

Marcelo desde Mendoza dijo...

Buen recuerdo Adrian , ahí comenzamos a dismitificar esos embrujos de no ganar en Brasil . Jugamos un partidazo lo recuerdo como si fuera hoy . El muñeco intratable las hizo todas .
Los Brasileros llorones que no se bancaron la derrota como luego pasaría años más tarde con los del Corithians .

Enrique dijo...

¡Qué buen recuerdo! Gallardo y Salas la rompieron ese día. Tenía el vago recuerdo que habían expulsado a otro jugador del Vasco por un codazo.

Había sido muy raro llegar a definir tan ajustadamente luego de haberlos goleado en el Monumental y haberle ganado a Santos acá 3 a 2 luego de un 0 a 2. Pero una semana antes y previo al superclásico, nos dormimos justamente con Santos que no jugaba por nada y presentó suplentes