Fue en Mar del Plata una noche de enero de
2004. Un gurrumín la pisaba para acá y para allá sin temor ni respeto por tener
enfrente suyo a consabidos leñadores como Alfredo Cascini o Rolando Schiavi. El
pibe de medias bajas, camiseta afuera del pantalón y rostro con acné, la movía
de pié a pié y tiraba caños al amparo de una tribuna que se desarmaba de
placer. Era Rubens Sambueza cuya irrupción en Primera merituó bien alto, aún en
años donde el salto de jóvenes a la pancarta principal era casi moneda corriente.
A finales de 2003, River Plate tenía buena
parte de su personal ocupado. Los sub 20 (Mascherano, Malevo Ferreyra,
Cavenaghi) estaban con la Selección Nacional
jugando el Mundial de Emiratos Árabes, y el resto de su plantilla superior
tenía apuntados todos los cañones a la obtención de la Copa Sudamericana. Es por eso
que en las fechas finales del Apertura 03, Manuel Pellegrini optó por hacer
debutar en primera a varios elementos que se destacaban en las inferiores.
Aparecieron Luis Lobo, Pablo Frontini, Cristian Nasuti, René Lima, Darío Conca,
Federico Almerares y Sambueza, un neuquino de Zapala, con pinta de
desfachatado, que le encantaba firuletear haciendo gala de su innegable
habilidad.
Nacido el primer día de enero de 1984,
Rubens Omar Sambueza jugó buenos partidos durante la primera parte de la
experiencia de Leonardo Astrada. Atacaba en forma punzante, era osado en la
gambeta y su buena pegada de zurda solucionó algunos problemas gracias a su
precisión (goles a Newell’s en Rosario, a Deportivo Cali en Núñez por la Copa 04, y un tirolibrazo a
Junior en Barranquilla en 2005). Pero el empuje de su arranque paulatinamente
fue perdiendo fuerza al tiempo en que se demoraba su definitiva explosión. Su
juego perdió punch y las lagunas e indisciplinas –otra característica de su
estilo- se acentuaron cada vez más.
Se fue perdiendo en la nebulosa de un
presente sin demasiadas certezas. Fue prestado a los Pumas de la UNAM y luego a Flamengo de
Río de Janeiro. En ninguno de los dos lados convenció como para que sus
dirigentes paguen el precio de su pase. Volvió a Núñez y jugó de la mano de
Gorosito un puchito de partidos por la Copa Liberadores de 2009 cuando
la gran mayoría del mundo River ya pensaba que su carrera era un caso perdido.
Pero debe ser verdad aquello de que todos
tenemos un lugar en el mundo, y para Sambueza, México debe ser ese lugar.
Adquirido por el Estudiantes Tecos a mediados del 09, comenzó a jugar con
continuidad y su rendimiento fue devolviéndole aquella confianza en sus condiciones
que descubrimos en sus inicios. Mas allá de alguna salida de cadena (agresión a un árbitro en pleno partido), dos buenas temporadas en el humilde equipo de
Guadalajara le abrieron las puertas en este 2012 del colosal América del
Distrito Federal. Allí está ahora, todavía tirando caños, viviendo el mejor momento de su carrera,
lejos de la realidad de una banda roja que esperó de aguardó mucho de él. Tal
vez demasiado para lo que podía dar.















