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jueves, 23 de agosto de 2012

"JUGÓ COMO UNA MÁQUINA EL CAMPEÓN"


El título va textual para graficar el verdadero poder una frase exacta, dicha en el momento preciso y en la adecuada circunstancia. Resulta fascinante imaginar a Borocotó (Ricardo Lorenzo Rodríguez, uruguayo, periodista de El Gráfico) yendo hacia la redacción de su revista buscando las frases justas para describir en una crónica la demostración que acababa de presenciar. Podría haber figurado un ballet clásico, o un jardín florido, o un veneno letal. Pero no. Eligió una máquina como metáfora, algo que suponga perfección, fortaleza, modernidad. Borocotó no lo sabía, pero estaba poniéndole nombre artístico a un pedazo de historia del fútbol mundial.
   La vieja cancha de Chacarita en Villa Crespo estaba en la calle Humboldt al 300, al lado del estadio de Atlanta. Las separaba un alambre y una calle, y tan cerca estaban que en los partidos importantes la gente ocupaba la parte alta de la tribuna bohemia para ver el partido en el reducto de al lado. En esa tarde del 7 de junio del 42 ocurrió una de las más altas funciones de La Máquina que se recuerden. Toques irreverentes, gambetas indescifrables, paredes supersónicas, goles impecables, rivales que la veían pasar. Fue un 6-2 (2 Angelito, 2 Adolfo, el Charro y Emanuelli en contra) que mereció ser una docena. Moreno descosió el cuero como siempre, de puro ególatra que era, y también para desmentir sus 4 horas de sueño. Pedernera el estratega más perfecto, Muñoz el wing del demonio, Labruna el apellido del gol. Cuando caía el sol porteño un estruendoso aplauso cerrado nació de las tribunas y bajó por los tablones. A esos 11 hombres que arrancaron la jornada bajo insultos no les quedó otra que saludar y retribuir la admiración. Pocos habrán percatado en ese instante el bajar presuroso de los escalones de un anonadado periodista, que ya llevaba en su cabeza la idea de plasmar en la perpetuidad del papel el nombre de esa maravilla

miércoles, 6 de junio de 2012

EL SALTO DEL TIGRE


Ponele que es una noche de Octubre de 2007. Noche húmeda y con algo de llovizna. Ponele que se juega una ronda inicial de la Copa Sudamericana y que hay obligación de ganarle a Botafogo de Brasil, tras la derrota en la ida en Río de Janeiro 0-1. Ponele que un tal Lucio Flavio convierte el primero y que luego del empate, Dodó hace el segundo de contra faltando media hora. Ponele que Oscar Ahumada se hace echar y que la gente pierde la paciencia ante la inminente eliminación. Ponele que de la nada el equipo encuentra fuego interno y fuerza un empate y hasta una ventaja por 3-2 que sin embargo no alcanza. Ponele que en el descuento mandan un bochazo al área para que un modozito colombiano se eleve, felino como un tigre, entre la muchedumbre de camisetas blanquinegras y aplique un cabezazo inolvidable a contrapierna del arquero. Ponele lo que quieras a esa noche excitante de Buenos Aires, para siempre en el recuerdo, no por el “qué”, sino por el “cómo”.
Hubiera sido lindo verlo a Falcao en un contexto más acorde a lo que fue nuestra historia. Urgido, desaprovechado, y hasta subestimado, Radamel alcanzó apenas a ofrecer en cuentagotas el estilo intenso que hoy disfrutan en Madrid y envidian en media Europa. Sus 3 goles aquella noche ante el Fogao (la mejor de su carrera en Núñez) son una rotunda muestra de lo mucho que pudo haber sido y no fue.

miércoles, 14 de marzo de 2012

LA NOCHE DE WALT DISNEY


La máquina del tiempo. Algún día la van a inventar y reventarán las colas para volver a aquella burbuja del pasado que se antoja ideal. Y envueltos en nubes de humo y descargas eléctricas porque no soñar con aparecer de incógnito en la cancha de Racing, ese sábado a la noche del 71, y revivir a pleno otra vez ese orgasmo inexplicable que significa ganarle al eterno adversario de la forma más cristalina y perfecta que pueda existir: Con los pibes y con baile.
La jornada cumbre de Didí en River tuvo como protagonistas a 11 chicos de la cantera, sin bello facial, irresposables, defaschatados, inconscientes. Osvaldo Ardizzone llamó “la noche de Walt Disney” a ese show del toque y la pisada amenizado por la magia a estrenar de un tal Beto y un tal Jota Jota. Sería un despropósito romper el encanto explicando que hubo una huelga de profesionales, y que cuando la misma culminó, River decidió continuar con la reserva hasta el cierre de ese Torneo Nacional, y que la fría estadística marcó que River venció 3-1, con goles de Joaquín Martínez, Juan José López y Carlos Morete, descontando Mané Ponce para Boca. Mejor quedarnos allí, como un fantasma felíz, imaginando estar en esas tribunas, desarmados del placer de ver como Roberto Rogel ara el piso con su traste luego de un enganche del Beto Alonso, extraviados sin culpa en el limbo perfecto que jugó esa noche a mezclar hasta confundir el sueño con la realidad.

jueves, 22 de diciembre de 2011

BRUJA DE NOCHE


Brujas sobrevuelan la noche de Núñez. Carcajadas pérfidas se dejan sentir entre los muros de un Monumental abarrotado. Allí abajo un flaco patas largas galopa 30 metros con el balón y sacude un zurdazo que estalla en la red del Río y en la memoria colectiva. Tan bueno era Sergio Berti que su nombre salta de inmediato cuando se pretenden ejemplificar las características ideales del volante por izquierda. Ese día le salieron todas, además de 2 goles para convertir un viernes por la noche más en un viernes por la noche inolvidable.
4 de marzo de 1994. Apertura 1993 (AFA es así). Mandiyú de Corrientes no supone demasiado escollo para un River borrego y talentoso, pero se empeñará en hacerle la vida imposible de la mano del ignoto José Enrique García, autor de dos goles –amén de Sodero-. Ariel Ortega cumple esa noche 20 años y lo celebrará con un tanto y un abrazo interminable con Passarella. Hernán Crespo inaugura su cuenta de festejos aún inconclusa con dos gritos muy a su estilo. Apurado por la necesidad y acogotado por un rival chivo que no cede, River desata un vendaval ofensivo en el complemento y derrama los goles necesarios para ganar como el futuro campeón que será. En ese proceso, casi sin quererlo, la noche adquiere ribetes que la harán perdurable.

martes, 18 de octubre de 2011

EL PARTIDO MAS LARGO DEL MUNDO


Toda memoria de aquella noche de locos provoca escalofríos. Recuerdo todo. La multitud abarrotada. Los huevos en la garganta. Un tiro en el palo de Checho Batista, otro de Jorge Olguín que recorrió toda la línea de gol y se fue por el otro lado. Un par de voladas de Nery Pumpido. La colosal avalancha atrás del arco de la Juan B. Justo tras un remate cruzado de Funes que pareció adentro. El inexplicable gol que se perdió el tal Daniel Martínez sobre la hora del alargue. 3 de Octubre de 1986. Fue viernes. River debía sostener el cero en su arco para llegar a la final de la Copa Libertadores. Lo hizo con mucha hombría y temperamento. A veces con jerarquía, a veces con zozobra, a veces con la ayuda de Juan Tuje.
El machaque constante y los quilates de un equipo como ese de Argentinos, más la presión insoportable por ganar algo a nivel internacional agigantan hasta lo mítico aquel juego que nos hizo envejecer un par de años del sufrimiento. Fueron 120 minutos que parecieron 2 semanas. Cuando pitó Pichi Loustau, el Bambino Veira se metió desaforado a la cancha tirando piñas al aire para unirse al equipo en un desahogo conmovedor. Muchos piensan que la Copa no se ganó ante América de Calí, sino esa noche en Liniers. Yo suscribo.

martes, 30 de agosto de 2011

EL SISMO DEL 62


Muchos ni se enteraron, pero el 26 de agosto de 1962 hubo un terremoto en Buenos Aires. Duró exactamente 3 minutos y conmovió los corazones de más de 50.000 personas para el resto de sus vidas. River y Boca revalidaban esa tarde su condición de enemigos necesarios. Ellos llegaban a Núñez invictos y con 3 puntos de ventaja. La banda estaba ansiosa por pararles el carro. Carrizo y Roma en las tribunas. Valentím como siempre en esos años, presente en la red millonaria antes del intermedio. Con el complemento en marcha el sismo que se adviene. 5 minutos, Onega centra, Artime peina para el empate. 7 minutos, otra vez Ermindo y otra vez Luisito. Desvío oportuno y Errea de rodillas. Aturdido, Boca saca del medio. Hay un pase errático que Delém captura. Avanza unos pasos y a 40 metros del arco la pone de emboquillada por sobre la cabeza de un golero en babia. 9.0 en la escala de Richter. 6 meses después, el robo de Nay Foino, borraría todo vestigio de aquella tremenda alegría, que constató que lo bueno, si es breve, es dos veces bueno.

jueves, 21 de julio de 2011

NACE LA SEGUNDA MÁQUINA


25 de Mayo de 1952. En Argentina hay un gran equipo indiscutido y otro que viene en su reemplazo. Racing y River respectivamente, y se miran de reojo. El millonario viene de una gira exitosa por Europa. La Academia es tricampeón y taita del fútbol casero, y hace rato que nadie le puede tocar el traste. Hasta esa 8ª fecha. Cilindro lleno. Dos goles de Vernazza a lo Vernazza en el primer tiempo. El descuento de un tal Cipolla en el complemento. Un aguante final en el regazo de Amadeo Carrizo. Un abrazo eufórico a la altura del ruido de la victoria. Nadie lo sabía aún, pero esa tarde nacía la segunda máquina. El Rey había muerto. Solo quedaba decir: Viva el Rey.