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miércoles, 20 de junio de 2012

UN DÍA EN LA VIDA


Pienso el tema del post y el inconsciente de inmediato envía dos nombres desde el recuerdo: Rubén Bruno y Cristian Nasuti. Error que la estadística desmiente con su frialdad habitual. Bruno y Nasuti hicieron dos goles con la casaca millonaria. No voy a pisar en falso, pues. Entonces, voy a la lista y la misma se extiende a –seguro- más de 100 nombres que estamparon su sello en las redes millonarias una única vez en la vida. Todos y cada uno tienen su historia mínima. Este es un resumen (arbitrario, opinable y agregable) de 10 de los casos más significativos.
1- Héctor Jeréz: No había muchas chances de jugar para el joven Héctor Jeréz en el River de 1973. Quique Wolff, Japonés Pérez, Zuccarini, Giustozzi, o Bottaníz, cerraban todas las puertas para cualquiera que se proyectase a Primera como lateral. Sin embargo, suspensiones, lesiones y malos momentos le abrieron una pequeña ventana para por fin mostrarse. La historia recordará al Huracán de Menotti como uno de los cuadros más lujosos de la historia. A ese equipo River le ganó ida y vuelta por 1-0. En la revancha, en el Palacio Ducó, un cabezazo certero del joven Jeréz sentenció la caída de la valla de Roganti y su máximo momento de gloria en el fútbol. Era su segundo partido en Primera, el segundo de los apenas 4 que jugaría con la banda roja.
2- Ricardo Rojas: No hace falta explicar mucho, no?. Cualquier millonario bien nacido recordará que Ricardo Rojas se llevó la pelota luego de una pared con D’allesandro, encaró a Abbondanzieri y cuando lo tuvo a suficiente distancia pinchó la pelota sobre su cabeza para dejarla mansita en la red de Casa Amarilla. Grosso momento. Distinción justa para este misionero imperceptible, laburante a destajo y fiel como un soldado. Jugó en River 5 temporadas correctas que fueron coronadas por este único golazo, fetiche inolvidable para la historia del riverplatense, único momento que lo sacó de la calma que buscaba y transmitía. Hoy vive en Puerto Rico, Misiones, alejado del mundo del fútbol, disfrutando y laburando en paz y sencillez, y tal vez no muy consciente de lo que su gol significó (y significará) para la gloria de la banda roja.
3- Vicente Locasso: El valor agregado del único gol de Locasso como futbolista de River es el de ser el primero en la historia profesional del club. Cuentan las crónicas que fue un remate corto y cruzado para el 1-0 ante Atlanta, en un sitio de Buenos Aires que hoy ya no existe. Dicen que Locasso era un interesante proyecto, destacado unánimemente durante la parte final de la era amateur. Un día se rompió feo la rodilla y por aquellos años, se sabe, esas lesiones dicifilmente sanaban bien. A los pocos años se vio obligado al retiro. Tomó los libros y se recibió de contador. Trabajó en la tesorería millonaria hasta su jubilación.
4- Roberto Bonano: Cruzó la cancha decidido. Lo empujaba la sed de venganza. Chilavert lo había crucificado duró y parejo gracias al castigo de sus tiros libres y el filo de su labia. Un penal para River ante Vélez en un cotejo de primera fase de la Copa MERCOSUR de 2000 le dio la oportunidad. Pateó con el suplemento del diario, bajo y al medio. Chilavert eligió una punta y, por una vez en la vida, perdió. Tito se lo gritó “in your face”. Tal vez en la descarga de ira no comprendió un detalle histórico de reelevancia. Acababa de convertirse en el primer (y hasta ahora único) arquero millonario en anotar un gol oficial.
5- Javier Mascherano: Al joven jefecito ya lo distinguía una vitalidad asombrosa, y pese a los 2.600 metros de altura de la ciudad de Riobamba, había suficiente aire en sus pulmones como para amedrentarse ante una patriada. Tomó la pelota en mediacancha y se animó a la aventura de encarar. Uno, dos, tres rivales quedaron en el camino. Al borde del área prendió cartucho de derecha y la clavó arriba, abriendo el camino para una victoria millonaria ante el Olmedo ecuatoriano. Aquel festejo de 2005 es la excusa perfecta para recordarlo. Javier partió muy rápido conforme a las leyes caníbales del mercado del fútbol. Volverá algún día para seguir mostrando esa entrega, disciplina y liderazgo que lo hicieron reconocido en el mundo entero y referente de la banda desde el día mismo de su debut.
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6- René Houseman: El inigualable duende de la banda derecha, llegó a Nuñez con las tabas cansadas y el bocho en otra cosa. Cascoteado por una conducta indócil, René entregó en River apenas un par de firuletes de su basto repertorio. Su solitario aporte goleador (una perla preciosa a Colón, en el arco del Río de la Plata, gestada a plena gambeta y remate al ángulo) quedó grabada como un símbolo de lo que fue: Un crack sin tiempo, al que llegamos muy tarde para disfrutar.
7- Fabián Basualdo: Si algo bueno tenía el primer River de Passarella (entre tantas cosas) era la previsibilidad. Todos sabían que ese equipo te iba a presionar, te iba a atacar, y casi seguro te iba a ganar. Y una de las tantas cosas previsibles era la subida desgastante y criteriosa de Fabián Basualdo, hacedor sobrio y atildado de un zurco por la banda derecha del ataque millonario durante 4 temporadas, cosa que además, lo elevó a la categoría de mejor lateral del país. Una tarde, una de esas repetidas escaladas no terminó en centro al delantero, sinó que culminó con una definición certera en el mano a mano frente a Pedro Catalano, y así rubricar un (previsible en esos años) 2-0 ante Español en el Amalfitani, por el Clausura 92.
8- Héctor López: El Gorrión era uno de los soldados más rasos de la armada que Angelito Labruna conformó para volver a las vueltas olímpicas en el 75. Perro de presa, humilde como sus virtudes, López se las arregló para volverse un habitué de aquellas formaciones basándose en su tremenda regularidad y en el correcto don para la marca y -cuando se podía- la proyección. Su único gol en Primera llegó en una de las pocas tardes amargas de aquel glorioso 75. El 8 de octubre, en La Plata ante Estudiantes y por la primera fase del Nacional, acertó un rebote tras un corner y estampó su único festejo con la banda roja en 284 partidos oficiales.
9- Domíngo Rodríguez: Uno lo nombra ahora y enseguida se impone el gesto de hacer un puchito con los dedos de la mano y moverlos hacia arriba y hacia abajo. Pero el tucumano Domingo Rodríguez fue una verdadera promesa de gol allá a comienzos del año 1959. Llegó con aires de artillero y con un lastre difícil de sobrellevar: Reemplazar a Ángel Labruna. No pudo, y solo 6 partidos bastaron para comprobar que no daba el piné. Encima, lo que pudo haberle dado cierto margen para adaptarse –gol a Boca en la Bombonera- ocurrió en el contexto de uno de los peores superclásicos de la historia millonaria: Derrota inapelable 1-5.
10- Juan Esnaider: Lo acompañó siempre un cartel desmesurado, y una chapa de crack rebelde que, honestamente, pocas veces demostró. Surgió en Ferro y fue famoso por algunos buenos partidos y varias polémicas en las juveniles de Merlo. Esnaider hizo casi toda su carrera en Europa, donde alcanzó a destacarse en el Zaragoza de España. Junto al uruguayo Daniel Fonseca, fue la mega contratación de River para la temporada 2002, pero el fiasco no pudo ser mayor. Lento, rellenito, lesionado y sin mucho interes, tuvo 6 meses de vacaciones bien pagas en Buenos Aires. La espectacular presentación de Cavenaghi en Primera lo envió rápido al ostracismo del que solo escapó con la rescisión de contrato. Antes, había dejado su única y humilde huella en las redes millonarias: Un toque de primera para el segundo gol de un 2-0 de River a Deportes Tuluá de Colombia por Copa Liberadores.

miércoles, 4 de abril de 2012

PLATA QUEMADA


Alberto García Aspe: Está comprobado que a mediados de los 90, tres personas vivieron en Buenos Aires a cuerpo de Rey: Alfredo Yabrán, Amalia Lacroze y Alberto García Aspe. Televisa mexicana quería explotar el mercado argentino y vio en River la opción más potable. Propuso acercar a uno de los mejores futbolistas aztecas de aquel momento a cuenta de una jugosa inversión. Lo cierto es que por seis meses, el Beto se movió por Baires como un duque, cobrando un contrato superior al de Francescoli y con un rédito deportivo al que calificarlo de paupérrimo es absolutamente generoso. 4 partidos jugados sin el más mínimo compromiso y una sola pregunta sin responder: ¿Cómo se dice “ladri” en México?,
Roberto Matosas: Liberti tenía esas cosas. Cuando a principios de 1964 River anunció una inversión de 33 millones de pesos en la compra de un jugador, el hincha común habrá supuesto que a Núñez llegaba por lo menos Pelé. Pero no, tal dineral fue gastado para traer un defensor uruguayo llamado Roberto Matosas, imagínense el revuelo. Matosas era un muy buen jugador. Puntal de tantos intentos vanos de campeonar en esa década maldita, sobrio, versátil, atildado, rendidor, pero carecía tal vez del fuego sagrado distintivo de la estirpe charrúa. Amortizó su inversión jugando más de 100 partidos en 4 años, pero vamos, cuando se gasta tamaña cifra, uno espera champagne del mejor y no apenas un vino decente.
Mauro Rosales: No hay peor cosa que un hombre encaprichado. Por esos años, el capricho de Passarella tenía nombre y apellido: Mauro Rosales. 1.800.000 euros costó la joda de comprar parte de su pase al Ajax de Holanda. Arribó con chapa de crack algo que se encargó de desmentir largo y tendido durante 3 años cargados de lesiones, goles errados y centros a la tribuna. Jamás pareció importarle demasiado. Hoy juega en el Seattle Sounders de la MLS. Será mejor así. “La dirigencia sabe que nos falta un delantero de la jerarquía de Mauro”, dijo Passarella. Por “visiones” como esta estamos como estamos.
Juan Antonio Pizzi: A fines de los noventa, la vara de la exigencia del hincha estaba más elevada que lo normal, y la de las pretensiones económicas de los jugadores también. Para reemplazar las ventas de Salas, Cruz mas el reciente retiro de Enzo, River apostó fuerte en un fichaje llamativo. Juan Antonio Pizzi, aquel de tantos goles en Tenerife, Valencia y Barcelona, y el de la polémica decisión de vestir la camiseta española. Su amplia experiencia europea y su indiscutible calidad de goleador generaron una expectativa incumplida con creces. Pizzi llegó a un equipo que comenzaba a desmembrarse tras una larga borrachera de éxitos, jugó un año con 11 goles en 33 partidos. No son malos números, salvo que se tenga en cuenta el millón y medio de dólares que costó su fichaje.
Luis Ernesto Castro: Un detalle simpático sobresale en la figura de este oriental pese a sus logros y su gran calidad: No veía un pomo. El mito dice que su miopía era tal que se guiaba en la cancha por la banda lateral y que los adversarios que eliminaba con gracia para él solo eran bultos borrosos que estorbaban. A Castro le decían Mandrake. Llegó a los 29 años desde Nacional junto a Walter Gómez luego de que Liberti hipotecara en ellos una guita importante destinada originalmente a comprar un terreno para el Club. Era wing derecho y soñaban con que herede a Muñóz. Tenia desborde, dribbling, centro, dominio de perfiles. Pero no cuajó, y tras 19 partidos y 4 goles, volvió al paisito sin que nadie derrame por él una lágrima.
Kilian Virviescas: Entre el 20 y el 27 de mayo de 2003, River enfrentó a América de Cali por los cuartos de final de la Copa Libertadores. Los caleños clasificaron con un global de 5-3. Una figura sobresalió del resto. Kilian Virviescas, un ignoto lateral que en esa serie pareció la reencarnación del mejor Roberto Carlos. Nunca tan rápidos, sus representantes viajaron a Núñez con el negocio en manos: 600.000 verdes por el préstamo más una opción de compra fijada en un millón y medio. No hizo falta. En Argentina, Virviescas mostró lo que realmente era. En sus 11 partidos con la banda roja no paró ni al taxi, y si pasó la mitad de la cancha en proyección solo fue para tirar un centrito a las manos del arquero. Lo que se dice un buzón.
Marcelo Sosa: Tal vez nunca Marcelo Sosa (el pato Sosa) haya jugado en River. Se lo reconocía por su larga cabellera rubia, por su estampa batalladora en el centro del campo, por su tendencia al roce y el sacrificio a flor de piel, por sus experiencias en Danubio, Spartak de Moscú, Atlético de Madrid, Osasuna y la Selección Uruguaya. A pedido de Passarella, el tipo que llegó a River diciendo que era Marcelo Sosa era un morrudito de 33 años, cabello corto morocho, falto de forma y de distancia. Alcanzó a jugar un par de partidos por Copa Sudamericana hasta que la dirigencia, los hinchas, el cuerpo técnico, y hasta él, se dieron cuenta que no daba para más.
Victorio Cocco: Podría decirse que Victorio Cocco fue contratado para reemplazar a Dios, que eso era más o menos el Beto Alonso para River a mediados del 76. Pobre Cocco, tarea imposible, ya que nada más (y nada menos) era un muy buen jugador. Tenía 30 años, una carrera reconocida en San Lorenzo y venia de España donde jugó para el Deportivo La Coruña. Era un espléndido estratega pero no rompía los moldes, tal vez por eso no encajó. Actuó 12 partidos y apenas hizo un gol, a San Telmo en el Monumental. Jugó la famosa final en cancha de Racing. Fue su último partido antes de fichar por Atlanta.
Juan Carlos Heredia: Milonguita fue un crack en España. Pasó Central, Porto, Elche y Barcelona donde fue referente y figura. Había iniciado su carrera en Belgrano de Córdoba, donde Labruna lo sufrió en carne propia en sus duelos ante Talleres. En 1980 llegó para jerarquizar aún más a un plantel que, no obstante, ya mostrada síntomas de aburguesamiento. No rindió para nada. Las pocas oportunidades dentro de una competencia interna exigente, su gusto por la farra, o vaya a saber qué, impidieron que en Núñez luzca su habilidad y potencia. Hoy cuentan que deambula por la ciudad de Córdoba en un taxi, lejos de la gloria que supo obtener pero no cuidar.
Alfredo Rojas: Antes de que el Tanque se convierta en un fiero verdugo millonario, tuvo un paso olvidable con la propia banda roja. Venía de una breve experiencia europea en el Betis de España donde había marchado en 1958 empujado por la fuerza de sus goles en Lanús. Su llegada se dio en una época particular en la historia de River Plate: La era del fútbol espectáculo, años donde todo lo nacional era mirado con recelo tras el fracaso del mundial de Suecia. Alfredo Rojas comió banco la mayor parte de su estadía en Núñez.
Sebastián Rambert: El Rambert que llegó a River fue solo la cáscara del que amenazó ser y no cumplió. Aquel avioncito goleador de Independiente que se mostraba como una joven gran promesa, ya le había dejado paso en Europa a una nueva versión más híbrida, más escuálida, menos talentosa, menos explosiva. Un River de arcas generosas pagó unos descarados 3.800.000 dólares por alguien que jamás fue titular en sus 3 años de permanencia en el club. Aportó algún golcito, alguna gambetita y no mucho más. Poco, para alguien que sin comerla ni beberla sumó 3 vueltas olímpicas para su palmarés.
Carlos Bernabé Moyano: Pocos tipos en la historia del fútbol argentino tuvieron el orgullo de decir “yo mandé al banco al Charro Moreno”. Uno de ellos fue Carlos Bernabé Moyano, llegado a River en 1935 de la fusión Atlanta/ Argentinos Jrs. River pagó por él 5.000 pesos y los pases de Clotardo Dendi, Federico Tello, Vicente Ruscitti y Roberto Basílico. Jugó las primeras fechas en detrimento de Moreno (que había debutado en la jornada inicial) enviado a la reserva. La verdad no tardó en imponerse y a Moyano lo pasó por encima el tornado de fútbol y personalidad que aún en su adolescencia ya ostentaba el Charro. Alcanzó a jugar 14 partidos con 4 goles. A fin de año fue cedido a Platense.

miércoles, 1 de febrero de 2012

SOLDADOS CON OTRO UNIFORME

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Ángel Labruna / Platense: Angelito nunca debió jugar con otra casaca que no sea la de River Plate, pero no por nada es tan difícil observar el momento ideal para el retiro. Buscando recambio, River se vio obligado a faltarle el respeto y le dio el pase libre en 1959, a los 40 años. Sintiéndose aún con cuerda viajó a Uruguay, donde jugó para Rampla Jrs, y a Chile, donde actuó para el Rangers de Talca. Platense lo tentó para jugar la temporada de 1961 en la Primera B. Labruna aceptó pero tardó apenas dos partidos en darse cuenta que ya no podía como antes. Con 293 goles y más de 500 partidos en la joroba, hizo entonces el Feo lo que tuvo que haber hecho dos años antes: Retirarse.
Daniel Onega / Racing: A Didí no le cabía mucho un vestuario con voces de experiencia. Uno a uno fue limpiando cada vestigio de camarilla y Daniel fue el último en emigrar. En 6 años de primera se había ganado el título de figura y referente, con todo lo que eso significaba en aquella época de sequía. Firmó a principios de 1972 con Racing, que para ese metropolitano planeaba una revolución que al final no se dio. Jugó 41 partidos con 9 goles. Enfrentó a River el 3 de agosto en el Monumental. Ya con Didí lejos de Núñez, Daniel volvió a principios del 73 para retomar su historia de protagonismo, pero para ese entonces ya había explotado un pibe de apellido Alonso. Se fue al Córdoba de España y cerró su carrera en Millonarios de Bogotá.
Leonardo Astrada / Gremio PA: La incompatibilidad de caracteres del Jefe y Ramón Díaz siempre se guardo puertas adentro en el Mundo River sostenida solo por la mutua conveniencia. Astrada había sido hombre indispensable en el River campeón del Apertura 99 y era referente claro de la camada de jóvenes que despuntaba en primera. Ramón no quería caudillos con poder en el plantel (ya estaba Trotta) y apuntó su pulgar hacia abajo cuando le preguntaron por Leo. Pasó a Gremio de Porto Alegre a principios de 2000. A decir verdad, el pobre Astrada no dio pie con bola en un fútbol tan exótico para sus características. Volvió al tiempito, pero ya con su estrella en merma. Se retiró a mediados de 2003, apurado por el drama familiar de su padre secuestrado.
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Félix Loustau / Estudiantes: El Chaplín del fútbol rioplatense no podía retirarse de otra forma más que en silencio. Si hasta incluso sorprendió a varios ver aparecer por el túnel su figura mínima y desgarbada con la camiseta rojiblanca de Estudiantes de La Plata. Allí jugó durante 1958 unos 11 partidos sin anotar goles y haciendo un esfuerzo supremo para disimular los problemas físicos que habían amainado notablemente estilo. De River se había ido lentamente apareciendo cada vez en forma mas esporádica en las campañas del 56 y 57. Durante 15 años había sido un vanguardista, creador de un estilo de jugador completo, virtuoso y sacrificado. Tanto que la casaca 11 de todos los tiempos (de River y de todo el Fútbol Argentino) es de su exclusiva pertenencia.
Adolfo Pedernera / Atlanta: El domingo 3 de agosto de 1947 Pedernera pisó el Monumental con la casaca de Atlanta. El River de Labruna, Di Stéfano, Moreno y Loustau le hizo 8 goles con peludo incluido. Cuando concluyó el partido Adolfo dijo a la prensa “Esta tarde jugaron contra mí”. Peleado con Liberti y con Angelito, su mudanza a Villa Crespo a cambio de 170.000 pesos (un dineral para la época) supuso el adiós de La Máquina y la ruptura de una unión que tenía destino de eternidad. Luego emigró a Colombia y retornó para jugar en Huracán sus últimos partidos oficiales. Volvió a River de viejo, para terminar sus días enseñando su sabiduría infinita.
Ermindo Onega / Vélez: El gran crack de los sesenta tuvo que irse de River por la puerta de atrás. A muchos le resultaba imposible concebir que tanto talento venga de la mano de tan poco festejo. Eso, mas varias lesiones, apuraron la salida de Ermindo a fines de 1968. Desembarcó en la calma ribera de Montevideo para jugar 3 años en Peñarol. Vélez lo repatrió ya en su ocaso para jugar el Metro de 1972. Quiso el destino que el primer partido en su vuelta a Argentina sea en el Liberti ante River. A los 5 del complemento, el Ronco calzó una volea de zurda y perforó la resistencia de Barisio. En ese retorno en silencio al circulo central y en ese baño de aplausos que caía persistente, estaba implícita la despedida que se merecía.
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Alfredo Di Stéfano / Huracán: Había jugado un partido en primera en 1945, pero el retorno de Moreno y la plena vigencia de La Máquina no permitían espacio para las carreras supersónicas de la saeta. Fue cedido a préstamo a Huracán donde comenzó a demostrar su estirpe. Con el Globo visitó Núñez el 21 de julio del 46 y a los 30 segundos doblegó a Grisetti con un disparo cruzado. Ya en su vuelta, el panorama era otro y con un ataque amoldado a sus características se destacó durante 2 años. El éxodo producido luego de la huelga del 48 lo llevó a Colombia y luego a España donde se erigiría en uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, algo que ni siquiera se sospechaba en el momento de su partida.
Norberto Alonso / Vélez: Ningún millonario que se precie de tal podrá pasar por alto el 17 de agosto de 1982 como día clave en la vida de River. Esta tarde el Beto Alonso pisaba por primera vez el Monumental con una casaca que no era la banda roja. A los 15 del primer tiempo le metió al Pato Fillol el gol mas doloroso de su carrera. Lo aplaudió todo el estadio. Lloró. Alonso –que ya había emigrado a Marsella en 1976- se había peleado feo con Alfredo Di Stéfano y su pase a Vélez fue una salida elegante al conflicto. Jugó en Liniers 2 años híbridos con 73 partidos y 10 goles. En 1984 volvió a casa para retirarse como corresponde a los grandes de verdad.
Andrés D’Alessandro / San Lorenzo: La carrera de Andrés es un crisol de equipos y países. Wolfburg, Zaragoza, Porthmouth, Inter de Porto Alegre. Pero tan indentificado con la banda está que su desembarco en San Lorenzo a principios de 2008 tocó fibras intimas en el pueblo riverplatense. Gracias al aporte monetario del magnate mediático Marcelo Tinelli, el cuadro de Boedo logro su fichaje pensando en la Copa. En 6 meses, D’Alessandro enfrentó 3 veces a River. En el primero de ellos jugó un par de minutos y se retiró lesionado. En el último celebró como loco la heroica clasificación del azulgrana a una nueva fase, justo antes de confesar descarnadamente ante las cámaras su amor por River y su desprecio a los dirigentes que no habían querido contratarlo. Aún se lo espera.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

ETERNO PADRE

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Como me hubiera gustado verte, bigotito fino, lomo encorvado, gol repetido. Como envidio a los que te disfrutaron, viejo berrinchero, ojo clínico, corbata de cábala. Cuando te fuiste no te conocía y tuve que aprender tu historia, entre incrédulo y fascinado, por voz de terceros que juraban no exagerar. A veces imagino que hubiera pasado si estuvieras presente hoy al pié del cañón. Te extraño y no fuiste parte de mi vida. Evocarte, prócer inmaculado del cielo millonario, aparte de ser un ejercicio placentero, es siempre un formidable repaso por los conceptos que nos hicieron el más grande de todos. Las líneas que siguen, tratarán de relatar esa especialidad de eterno padre xeneize, la criptonita boquense. Fueron 22 goles en total. Aquí los 16 oficiales.
1º- Noviembre 5 de 1939:
Boca tiene en construcción su cancha, por eso es local en el Gasómetro. Se juega por la mañana, ya que a la tarde el Ciclón debe enfrentar a Independiente. El juego está 1-1 cuando a los 31 del segundo tiempo el joven Labruna recibe un pase en cortada del peruano Alcalde. Cruza el remate y supera a Juan Estrada. Los guerrilleros de River ganan 2-1.
2º- Noviembre 17 de 1940: Apenas 7 minutos en los relojes. Moreno cede para D’alessandro por derecha, éste centra y Labruna de cabeza derrota a Estrada abriendo el score. Mas tarde empata Tenorio para Boca y el clásico acaba 1-1.
3º- Octubre 19 de 1941: Partido clave que define campeonato. A los 11 del inicio, La Máquina funciona a todo vapor. El mono Deambrossi desborda por izquierda, manda el centro al primer palo para que Labruna se anticipe a la salida de Estrada y peine al gol. Es el primero de un fabuloso 5-1 en el Monumental.
4º- Julio 19 de 1942: Otro show de La Máquina en Núñez. Al minuto de comenzado el complemento, ya con River 1-0, Pedernera, Moreno y Labruna triangulan a gran velocidad. El Charro asiste en cortada a Ángel que define suave al palo izquierdo de Estrada.
5º- Julio 19 de 1942: A los 25 del segundo tiempo ya es 3-0 y baile. Muñoz desborda, su centro es rechazado por el zaguero Laidwall. El balón queda entre las piernas a Labruna que cruza el derechazo abajo. Estrada pagando. 4-0 final.
6º- Mayo 16 de 1943: Más Máquina para todos. A los 5 del primer tiempo hay un jugadón de Muñóz por derecha. Vaccareza, Valussi y Lazzati en el camino. Claudio Vacca sale desesperado a atorarlo, pero Muñóz cede justo para que Labruna toque con el arco libre. 1-0.
7º- Mayo 16 de 1943: Ahora River está en ventaja 2-1 y Boca se adelanta buscando el empate. A los 31 del complemento, Pedernera mete el puñal largo entre Sosa y Marante. Angelito pica habilitado y define de cachetada en el mano a mano ante Vacca. 3-1 y final para el delirio del Monumental.
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8º- Agosto 24 de 1947: Hay que esperar mas de cuatro años para un nuevo impacto de Labruna en el superclásico. Boca va ganando 1-0 en Núñez y River presiona buscando la paridad. A los 21 del complemento habilitan a Reyes para que envíe un centro rasante desde la derecha. Al balón van Labruna y el arquero Obdulio Diano. El feo llega un centésimo antes y toca al gol. Dos minutos mas tarde Hugo Reyes marca el segundo y la banda termina festejando una victoria clave para el título.
9º- Agosto 1 de 1948: La Boca. Va ganando el local con un gol tempranero del peruano Gómez Sánchez. A los 30 del primer tiempo, Moreno habilita magistralmente al pique de Labruna, que controla con el muslo y remata bajo y cruzado a la izquierda de Vacca. Es el 1-1. En el segundo, un nuevo gol de Reyes permite que River gane su primer partido en La Bombonera.
10º- Julio 31 de 1949: Es un clásico particular en Núñez, porque River va primero y Boca último. A los 5 del complemento, Ángel De Cicco manda un centro pasado. Di Stéfano la vuelve a meter en el corazón del área y Labruna aparece como un fantasma en el área chica para ajusticiar a Vacca. Triunfo 1-0.
11º- Octubre 12 de 1950: Primer aporte sustancial de la dupla Labruna- Gómez en el clásico. Walter dibuja un firulete entre dos marcadores y asiste a Labruna que define ante Diano como mandan los libros: Cruzado y abajo. Es el primer gol de una nueva victoria en La Bombonera. 3 minutos mas tarde marca Gómez y en el complemento Francisco Campana sella el 2-1 final.
12º- Julio 15 de 1951: Partido cerrado en el Monumental. A los 13 del complemento viene un tiro libre en forma de centro del Gallego Pérez. Labruna salta con Magnelli, gana arriba y cabecea al segundo palo de Diano. Golazo y triunfo 1-0.
13º- Octubre 31 de 1954: Boca llega a Núñez para dar la vuelta olímpica, pero River lo abaraja jugando un partido formidable. A los 14 del primer tiempo el Mono Zárate cede a Labruna que se interna en el área, banca con el cuerpo la carga de Otero y define ante la salida de Musimessi en el arco de la Figueroa Alcorta. 1-0.
14º- Octubre 31 de 1954: Golpe de gracia a la esperanza xeneize al minuto de comenzado la segunda parte. Musimessi rechaza a duras penas un remate de Vernazza. Labruna empuja al gol el rebote a metros de la línea de sentencia. Luego de esto, La banda se exhibe con un concierto de toques y gambetas al que se suma hasta Amadeo Carrizo. Walter Gómez decora con un golazo un 3-0 histórico.
15º- Diciembre 8 de 1955: Mañana gloriosa en La Bombonera de victoria y campeonato. Boca va ganando y juega mejor. Pero a los 29 del segundo se enciende Walter Gómez. El botija la mete rasante y en cortada. Mano a Mano con Musimessi, Ángel la toca de cachetada, con cara externa al palo izquierdo del arquero. Un minuto mas tarde, Gómez asiste ahora a Roberto Zárate quién hace el segundo y permite festejar un nuevo título.
16º- Abril 22 de 1956: El Monumental es testigo del último aporte del goleador. Con el juego 1-1 a los 25 del segundo tiempo, Menéndez la manda al área. Labruna se anticipa al Natalio Pescia y de media vuelta saca un derechazo alto que se incrusta en el ángulo derecho del arquero Castro. Es el 2-1 final.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

DUPLAS CENTRALES


Pienso en zaguero central y recuerdo a Jorge Solari Gil, un histórico del ascenso y los regionales de los 80. Era un tipo que se tomaba muy a pecho eso de amedrentar a los adversarios tanto que antes de salir a la cancha se comía media cebolla para tener el aliento putrefacto y así molestar a los delanteros. En esa línea de pensamiento iba también un entrenador de la juventud que postulaba que un defensor central, básicamente, debe ser un tipo jodido. Tener carácter podrido, mal hablado, inculto, insensible, intimidante. Una persona despreciable que, lógicamente, también sienta desprecio por los atacantes a perseguir. Afortunadamente la historia del fútbol Argentino ha aportado decenas de jugadores que han hecho del defender un arte, sin perder por ello ese ápice de severidad que el zaguero debe mostrar para marcar su terreno. A lo largo de su vida River contó con duplas centrales que hicieron época. Lujosas o expeditivas, técnicas o temperamentales, cortinas de hierro o verdaderos flanes. Aquí va un catálogo personal y sumamente opinable de varias de las que –para bien o para mal- marcaron época.
1- Nelson Gutiérrez / Oscar Ruggeri: En una nota, Claudio Morresi dijo que con el Tano y el Cabezón él se animaba a cruzar el cementerio de noche. No eran bebes de pecho. Conocían el abc del zaguero y lo aplicaban con extremo rigor. De arriba no los pasaba nadie y era difícil que un atacante culmine un partido sin una marquita de estos dos muchachos. La dupla debutó el 9 de marzo del 86 el día que River le ganó a Vélez y fue campeón de la temporada 85-86. Se solidificaron en las finales de la Libertadores y a partir de allí fueron intocables hasta completar 58 partidos. Ganaron 4 títulos y escribieron una página dorada del club Se fueron a mitad del 88 rumbo a Lazio y Logroñés respectivamente.
2- Alfredo Pérez / Federico Vairo: Signo distintivo de un River apoteótico, ganador de todo en los 50. Sus temporadas en la cúspide fueron las del 56 y 57. Vairo llegó en 1955 y ese año jugaron juntos su primer partido como tándem el 4 de diciembre en una goleada 5-2 sobre Vélez. Se afianzaron al año siguiente con la salida del equipo de Julio Venini. Defensa de lujo para un equipo de lujo. El Gallego Pérez fue el defensor más limpio de la historia de River. Un osado y un demente que gambeteaba en el área chica. Vairo era su complemento ideal, más expeditivo pero igualmente técnico. Actuaron juntos 65 partidos hasta que a fines de la década los alcanzó el declive, pero no el olvido.
3- Roberto Perfumo / Daniel Passarella: Sus apodos hablan mejor que nadie. El Mariscal y el Gran Capitán fueron 2 de los más grandes defensores de la historia y River tuvo el privilegio de contar con ellos 3 campañas. Perfumo llegó de Brasil en el 75 para aportar lo que a él le sobraba: Sapiencia y temple para un equipo que desesperaba por volver a las vueltas. Passarella fue un crack inigualable. Intenso, felino, ganador. Debutaron en marzo del 75 en un triunfo 2-1 sobre Central en Núñez. Jugaron juntos 53 partidos, aunque en varios de ellos Daniel fue lateral. Ya con Passarella afirmado como back tuvieron continuidad en 1976. Las lesiones apuraron en retiro de Perfumo en 1977 cuando ya jugaba poco y espaciado. Lo reemplazó Lonardi hasta la llegada del Pavoni. En tanto, el mito del Kaiser recién comenzaba a forjarse.
4- Ricardo Vaghi / Luis Antonio Ferreyra: Dicen que la mejor defensa es un buen ataque. Pero también podría decirse que no hay buen ataque sin una gran defensa, porque la genialidad de “La Máquina” debía estar apuntalada por una defensa bien parada. Vaghi fue una gloria. Un señor impasible e impasable, de gran velocidad y mando. Ferreyra era más rústico y ponía su vida en cada disputa del balón. Su primer partido lo jugaron en julio del 40 ante Banfield. Se hicieron fija del equipo en 1942. Actuaron en dupla 95 partidos hasta que la llegada en 1945 de Eduardo Rodríguez –otro histórico- les fue sacando continuidad. Las piernas frescas y jóvenes de Alfredo Pérez y Lidoro Soria los reemplazaron a comienzos del 50.
5- Celso Ayala / Eduardo Berizzo: De lo último, lo mejor. Celso Ayala había llegado de Central en 1995 y fue titular en la Libertadores ganada en 1996, pero fue recién con la llegada de Berizzo cuando se afirmó como indiscutido. Hasta allí era un paraguayo más. Sólido en la marca, serio y callado, y con un admirable timming para el juego aéreo. Su gol a Boca en la remontada del Clausura 97, es inmortal. “Toto” Berizzo (surgido en Newell’s y fogueado en varias campañas en México) trajo aplomo y sobriedad con su arribo para el Apertura 96. Debutaron un martes a la tarde en Santa Fé ante Unión. Durante 2 años y medio formaron un equipo de alta clase. Vital para sostener las campañas exitosas de aquellos años.
6- José Manuel Ramos Delgado / Marcelo Etchegaray: Abanderados de la tortura de los 60. Ramos Delgado y Etchegaray fue la dupla central de los primeros y vanos intentos por romper la racha sin éxitos. El negro llegó de Lanús en el 59 y despuntó un estilo con muy pocas comparaciones desde la limpieza y la técnica de su juego. Etchegaray fue comprado a Atlanta en el 60 y sus características eran otras. Lucha, marca, huevo. Dupla en 104 partidos oficiales y tres veces subcampeones. Ninguno tenía el carácter de caudillo. Ramos Delgado jugó hasta el 65 y tras un año en Banfield, partió a ser figura en el Santos de Pelé, dejando una gran imagen. Etchegaray actuó hasta el 64 y su recuerdo es mucho mas humilde. Su participacion en el penal que Valentím convirtió en el famoso 1-0 en la Bombonera en 1962.
7- Ricardo Pellerano / Cesar Larraigneé: Muchachos de veintipocos animaron tardes pesadas de comienzos de los 70. Didí había traído preceptos claros y jugó todas sus fichas a los jóvenes del club, borrando todo vestigio de caudillazgo que hubiese en el plantel. Cesar Larraigneé debutó con rumores de crack y no defraudó. Tenía todo. Firmeza, técnica, estampa, pegada. Llegaron a compararlo con Beckenbauer, y pese de la exageración, sus estilos guardaban un evidente parentesco. Junto a Pellerano fueron dupla en el Metro del 71. En realidad, el nombre de Pellerano (más humilde en sus recursos) va en representación de los Héctor Rodríguez, René Daulte, Japonés Pérez o Rulo Giustozzi, pibes de la cantera que pusieron la jeta por la patriada de Didí.
8- Horacio Ameli / Eduardo Tuzzio: Uno era líder desde el carácter, el otro desde el ejemplo. Ameli y Tuzzio se complementaban en sus opuestos y hacían una dupla confiable, fija en los últimos conjuntos millonarios con serias aspiraciones de triunfo. Se conocían desde los tiempos del San Lorenzo y River debutaron con el Ingeniero como DT el Apertura 2002. Jugaron en yunta 50 partidos oficiales y abrazados dieron 2 vueltas olímpicas. Claro que todo lo que se diga de ellos queda en un segundo plano luego del escandaloso affaire de polleras que los involucró en plena disputa de la Libertadores 05. El equipo lo sintió y fue eliminado por San Pablo en semis con un 2-3 en Núñez. Ese fue el último partido en dupla. Tuzzio siguió humilde y cumplidor hasta fines de 2008. Ameli fue separado del plantel y dejado en libertad. Como corresponde a los traidores.
9- Miguel Ángel López / Jorge Recio: El flamante mote de gallina desvivía al mundo River a fines de los 60. Para sacudir ese oprobio llegaron a Nuñez señores de armas tomar. El Zurdo López era un cuevero, arribado de Ferro Carril Oeste. El Laucha Recio era un tapado que Labruna se trajo de Platense. Sólidos, corpulentos, pétreos. Delimitaban territorio a punta de codo y planchita. Expertos en boquilla para ablandar árbitros, debutaron en el primer partido de 1968 ante Central, en una escuadra que contaba además con Pipo Ferreiro o la Garza Guzmán, tipos que hacían tronar el escarmiento. Pero meter la chaucha no fue la solución. River en esos años se especializó en salir segundo, solidificando el apodo con el que ya hemos aprendido a convivir.
10- Gustavo Cabral / Nicolás Sánchez: Tranquilamente podría haber sido Danilo Gerlo / Facundo Quiroga. Muestra de los tiempos mediocres que atravesamos. Cabral y Sánchez daban risa y pavor en partes iguales. Chambones, lentos, limitados, expertos en levantar la mano para pedir off side. Nunca una defensa de River aseguró tantos regalos por partido a los adversarios. Gustavo Cabral llegó de Racing y en su primer campeonato festejó. Dejó algunos goles de cabeza pero que jamás le quitarán lo burro que demostró ser. Nico Sánchez estaba en River desde 2007 y había atravesado una larga inactividad por una lesión fea en la rodilla. Hoy alterna en Godoy Cruz, con lo cual no hay mucho que decir. Jugaron 27 partidos en pareja de los cuales mejor no acordarse.