miércoles, 8 de agosto de 2012

BRUNO RODOLFI

River Plate 1934/44 – 1947/48  -  170 partidos – 5 goles – 5 títulos
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Había dos cosas imposibles de lograr con Bruno Rodolfi. Primero despegarse de su persecución a la hora de la marca. Y segundo arrancarle una sonrisa entre tanto despliegue de sobriedad. Así era este mendocino derecho y señorial, cortado con la tijera del recato y la timidez, reacciones lógicas para un paisano de tierra adentro que se aventura a las desmesuras de la gran ciudad.
   Bruno Rodolfi había nacido el 26 de Abril de 1915 en la provincia de Mendoza. La magia del boca a boca y la cadena de contactos informales, acercaron los rumores de volante en jefe que despertaba cada domingo en los pelados reductos viñateros, a oídos de un par de dirigentes riverplatenses que aceptaron jugarle una fichita (de 5000 pesos) a este desconocido centrojás de Gimnasia y Esgrima.
   La fascinación constante, el movimiento permanente, la paz esporádica de una ciudad bestial y de una camiseta por todos conocida seguramente habrán hecho mella en las costumbres de un muchacho de palabras contadas y gestos sencillos. Pero nada de eso se notó en el campo de juego, donde su rectitud y compromiso prendieron rápido en la consideración de un hincha siempre exigente. Jugó al lado de Esteban Malazzo y Aarón Wergifker sus primeros partidos como profesional en la extensa temporada de 1934 apuntalando siempre en base a marca y orden las pulsiones ofensivas de nenes como Bernabé Ferreyra, Nolo Ferreira y Carlos Peucelle.
   La rutilante adquisición de José María Minella, lo relegó un par de temporadas a un segundo plano del que logró escapar por su aptitud para ocupar la zaga central en casos de fuerza mayor y por una sorprendente convocatoria a la Selección Nacional en el año 1937, cuando era reserva en el equipo que lo contenía. Tanta paciencia y dedicación le redituaron dividendos personales al poco tiempo, cuando las tabas del gran Pepe poco a poco acusaron la edad y el esfuerzo.
   Más canchero y más experto en su función de contrapeso del equipo, Rodolfi entregó sus mejores años entre 1940 y 1943. Si la fabulosa irrupción de La Máquina es definida como un violento reverdecer de la primavera futbolística, Bruno (y Ramos, y Vaghi, y Yácono, y Ferreyra) deben ser necesariamente ubicados en los roles de jardineros prolijos, prestos a eliminar cualquier maleza que surgiese para entorpecer la enorme belleza de ese cantero millonario. Los memoriosos recordarán por siempre su fabulosa actuación en el superclásico del año 1941, mientras el quinteto mágico deleitaba con su show de goles (5-1 final), Rodolfi se encargaba de borrar de la cancha al magnífico playmaker xeneize Jaime Sarlanga, con una limpieza y autoridad que fue imposible pasarla por alto.
   Con 4 campeonatos en la mochila y un respeto consolidado en el mundo River, Bruno Rodolfi optó como tantos por emigrar al calor monetario de la novel liga mexicana. Fichó en el Puebla y allí jugó dos temporadas relajadas y exitosas, siendo comandante junto a otros argentinos (Ricardo Alarcón, Eladio Vaschetto, Norberto Pairoux, Emilio Baldonedo) de un cuadro que fue gran protagonista de campeonatos. Emprendió el retorno a mediados del 47 y encaró su último año y medio como profesional a la sombra cada vez más inmensa de Pipo Rossi. Tal vez en esos minutos finales de su carrera haya esbozado alguna mueca de sonrisa dentro del campo, esa que guardo siempre para los suyos, pero que pocas veces se permitió en el fragor de la batalla.

domingo, 5 de agosto de 2012

IGUAL QUE EL SOBREVIVIENTE

River Plate  1 - 2  Belgrano (Córdoba)
Torneo Inicial 2012 - 1ª fecha.
Estadio Monumental  - 05/08/12.
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RIVER PLATE: Vega (3); Mercado (5), Maidana (4), González Pírez (4), Vella (3); Ocampos (6), Cirigliano (5), Ponzio (5) y Lanzini (6); Trezeguet (4), Rogelio Funes Mori (4). Luego Rojas (4) y Aguirre (4). DT: Matías Almeyda.
BELGRANO: Olave; Barrios, Turus, Rodríguez y Quiroga; Zapata, Farré, González y Velázquez; Aquino y Melano. Posteriormente Carranza, Pittinari y Martín. DT: Ricardo Zielinzky.
GOLES: Lucas Melano (BEL) 44 pt. Cesar Carranza (BEL) 1 st. Manuel Lanzini (RP) -tiro libre- 30 st.
ARBITRO: Germán Delfino (mal)
ROJAS: Juan Carlos Olave (Belgrano)
MAN OF THE MATCH: Cesar Carranza (Belgrano).
RESULTADO MORAL: River Plate 1 - Belgrano 1.

Primero la historia...
Hay un estribillo de Ciro y los persas que dice: "Que placer verte otra vez, nos dijimos sin hablar, hoy todo vuelve a empezar, y será lo que ya fue". Amanece un domingo en el que por la tarde juega River. Hace rato que no trasunta tanta paz en una previa. La vida tiene sentido, por fin, el círculo completo, la vuelta de tuerca, la casa en orden, el yin y el yan. Sale River inflando el pecho con el orgullo del sobreviviente que vuelve de la guerra. Lo recibe el monstruo bancatodo, centinela de mil angustias palmeandolo en la espalda con una ovación conmovedora. Suena eso de "Esta campaña volveremo' a estar contigo" al tiempo en que la historia comienza a escribir en esta tardecita de Agosto otro capítulo de esta apasionante biografía.
Despues la realidad...
Mucho podrá discutirse sobre las hipotéticas diferencias que puedan haber entre Primera y Ascenso. Podrá concluirse que las diferencias son pocas, pero existen, sobre todo en dos de los ítem que River padeció en su reestreno: La defensa y la eficacia. Disciplinado en un irrestricto 4-4-2, Belgrano complicó amuchando gente y revoleandola lo más lejos posible, un argumento simplista que suele revatirse con el fútbol que River nunca tuvo. En la primera de cambio, Vega otorgó el regalo que venía prometiendo desde hacía 6 meses ofreciéndole en bandeja el gol a Melano cuando moría la etapa inicial; Eso, más la imperfecta cesión de Cirigliano que derivo en el golazo de Carranza cuando nacía el complemento redondearon la sensación de noche torcida que no se cambiaría, ni con el descuento de Lanzini, ni con el penal errado malamente por Rogelio Funes Mori.
Por último el futuro...
Tal vez ahora que todo está en pañales, sea el momento de poner las cosas en claro. Da la sensación (siempre la dió) que Almeyda no termina de definirse y arrastra en sus vaivenes a todo el equipo. Jugó con un 4 de 3, con un delantero de volante por derecha y un enganche como volante por izquierda, dejó a uno de los mejores arqueros del campeonato en el banco y sacó al primer error al único agente de fútbol claro del mediocampo, para terminar tirandole pelotazos de 50 metros a los dos grandotes de área. Nadie lo entendió. Horneandose todavía en una tarea demasiado compleja, tal vez la lógica del "prueba y error" o el "cara o cruz" deba dejarle paso a la elección sensata de una línea de juego y respetarla a rajatabla. El momento es ahora que tiempo y crédito es lo que sobra.

miércoles, 1 de agosto de 2012

"MATAR A PASSARELLA"


   El Hotel El Mirador es tan austero como la localidad que lo cobija. Mar Chiquita. Hay un solo televisor en el hall y un único teléfono en la oficina de recepción. Se llega por la Ruta 11, adentrandose luego hacia la izquierda por unos dos kilómetros de pavimento austero. Son las 19:30 del viernes 29 de enero de 1993. River acaba de concluir el último entrenamiento de su pretemporada y retorna a la posada para descansar y esperar el partido del día siguiente ante San Lorenzo en Mar del Plata y luego el ansiado retorno a Buenos Aires tras 17 días de castigo en los médanos. A mitad de camino hay un pequeño puente que cruza el arroyo El cangrejo que separa en dos mitades el pueblo. Es allí, camuflados en el papel de solitarios pescadores, donde 4 ojos fisgoneaban el paso del colectivo con el plantel millonario, era la señal que esperaban para dar el zarpazo que tanto habían tramado. Había en sus mentes sed de poder y de revancha. La coyuntura deportiva del momento –Boca campeón tras 11 años, Comizzo borrado sorpresivamente del plantel- lo propiciaba.
   Una hora más tarde, una vetusta camioneta Dodge azul aparca en el hostal. Bajan raudamente 2 personas envalentonadas por la inconciencia, el alcohol y alguna otra cosa más. Sobrevienen cinco minutos de terror. Uno de ellos lleva una manija de crique en la mano, el otro una filosa navaja. El profe Pizzarotti y el utilero Carlos Peralta son los desafortunados en recibirlos en el hall. Ligan duro y parejo. El tumulto aplaca el eterno relax de un lugar simple y familiar. José Miguel y Daniel Passarella, que charlan sentados en el comedor, salen al rescate. Rapidamente, el entonces entrenador, pasa a ser foco exclusivo de los maleantes. “Passarella hijo de puta, poné a Comizzo”. Un navajazo revoleado tajea el ocaso y abre la oreja izquierda del Kaiser. Hay estupor. Un segundo de duda permite que Pizzarotti, en un enorme acto de valentia, tome por la espalda a uno de los facinerosos hasta caer juntos al suelo. Más joven, más fuerte, y más sacado, el barra se incorpora primero y tiene a merced del puntazo al veterano profe. Un instante antes del ataque letal una voz conocida le frena el brazo en medio del recorrido. “Pará Sandokán!!!, que vas a hacer?!!!”. Era el Tolo Américo Gallego. Los delincuentes comprenden que es el momento de la retirada y rápidamente se pierden en las sombras de la noche.
   “Sandokán” era el nombre de guerra de Miguel Alejandro Cano, un pesado que supo conocer el verdadero poder de la barra en los tiempos de Hugo Santilli, pero que había sido apartado de las altas esferas del paravalanchas conforme al cambio de dirigencia de principios de los noventa. Buscaba volver al reinado perdido y –de paso- lavar una afrenta personal que le lesionó el orgullo de matón, cuando el 26 de julio de 1991, Daniel Passarella lo echó a las piñas de la concentración del Monumental, tras una visita nocturna a los jugadores para pedir guita y entradas.
   Cano era changarín y alquilaba una piecita de hotel en la zona de Villa Martelli. No son pocos los que juran haber escuchado de su boca aquello de que un día de estos iba a “matar a Passarella”, en medio de charlas beodas rememorando sus días de gloria al comando del hampa. De aquellas épocas provenía su amistad con Ismael Guassardo, su compañero de correrías en aquella jornada balnearia. A Guassardo le decían Melena y la leyenda del tablón cuenta historias inverosímiles de sus enormes pelotas a la hora del aguante, pero que lo describian como bastante desequilibrado como para arribar a la mesa chica de los bravos, allí donde no solo se debe poseer vocación para la rosca sino frialdad para el negocio y la estrategia.
   La repercusión del altercado cobró velozmente alcance nacional y la Policía no tardó en caerles. Se habló de penas duras, de medidas de fondo, de punto de inflexión, de “basta de violencia”, bla, bla, bla. Finalmente pasó lo que se suponía iba a pasar. Cano y Guassardo fueron condenados y cumplieron penas de 8 y 6 meses de prisión y todo se olvidó con el retorno del campeonato Cuando volvieron a la luz la historia ya había cambiado. Passarella al poco tiempo se fue de Núñez rumbo a Ezeiza, y la barra, gradualmente fue reemplazando sus fichas conforme al crecimiento descontrolado de la maquinaria de violencia, extorsión y pillaje que conocemos hoy. Sandokan y Melena son eslabones de una prolongada cadena forjada con dinero y sangre, donde hasta el propio Passarella (el mismo que alguna vez le plantó lucha a trompada limpia) es responsable de no erradicar y detener.

domingo, 1 de julio de 2012

UN AÑO TEMBLANDO


363 días: Procesión por dentro o exteriorización de tanta mierda contenida. Cada millonario del mundo tendrá en su relicario su propio catálogo de pruebas de amor. Ritual de sábados extraviados supeditando el humor semanal a un resultado, a una pasión potenciada en la mala, fundada en la imperiosa necesidad de estar, de acompañar lo que sea, de ser fieles con la camiseta y con todo lo que ella emana. River Plate invitó al desquicio, a la pérdida de la compostura, haciendo que en este casi año imborrable conozcamos las mil caras del amor de la forma más violenta, descarnada y encantadora que pueda existir.   
La B Nacional: Al infierno tan temido hubo que atravesarlo sorteando peligros a cada fecha. 19 equipos, 38 cotejos, todas finales del mundo para adversarios dispuestos a correr hasta la desesperación con tal de una tapa de diario. No obstante, River tuvo todo para que el ascenso decante por si solo con el correr de los partidos, pero sus presiones y (hay que decirlo) las grandes campañas de sus rivales, boicotearon su evidente diferencia de jerarquía. No jugó más desde el partido en Rosario y lo pagó con sufrimiento, pero nadie podrá discutir que al torneo de ascenso más competitivo de la historia lo ganó el mejor equipo.
El equipo: Las llegadas de Trezeguet y Ponzio alternaron planes y esquemas. Lo que era un 4-4-2 inamovible rotó a un 4-3-1-2 o un 3-4-3 o un 4-3-3 según la ocasión. Fue una movida arriesgada. En la 2da rueda River perdió frescura y sorpresa pero ganó –relativamente- en contundencia y clase. Pasó sofocones grosos por una defensa de precariedad alarmante y un arquero dubitativo. Pero siempre fue, apostando al fútbol y la calidad individual, virtud demostrada a medias por culpa de un insoluble defecto: No saber abrir o cerrar los partidos cuando debía.
El mejor: David Trezeguet. Determinante e indispensable para explicar el ascenso. Más alla de todos los elogios ya dispensados, un dato de la realidad lo explica todo: 13 goles en 19 partidos, todos (salvo el 3º a Indep. Rivadavia y el 4º a Desamparados) sirvieron para encaminar, definir o confirmar resultados positivos.
Los referentes: Cavenaghi y Domínguez enarbolaron el estandarte a riesgo de ser los primeros de caer en la volteada ante un hipotético fracaso. Resignaron guita volviendo por la gloria y bancaron con personalidad momentos álgidos. Cavenaghi depreció su nivel con la llegada de Trezeguet, pero fue durante buena parte del torneo (con juego y goles) la figura que esperabamos. Lo mismo cabe para el Chori, pero su habilidad y desequilibrio entraron –sobre todo en la 2ª rueda- frecuentemente en lagunas mentales que lo perjudicaron. Fueron los fundadores de la ilusión del ascenso y elementos preponderantes para lograrlo.
La revelación: Parece mentira que Ezequiel Cirigliano solo tenga 20 años. Aplomado y sapiente, fue el inevitable iniciador del juego ofensivo del equipo, se ganó la cinco y la cinta con su pisadita de crack y el pase claro al pié del compañero. Lucas Ocampos fue un buen descubrimiento de Almeyda. Poseedor del don del desequilibrio, llamó rápido la atención por lo largo de sus zancadas, lo corto de su gambeta, y el interesante aporte goleador para su puesto. Cuando aprenda a pensar más en el equipo y menos en su lucimiento, será fundamental.
Los pibes: Rogelio y Ramiro Funes Mori, Germán Pezzella, Luciano Abecasis, Leandro González Pírez, Keko Villalva, Leandro Chichizola, los mencionados Cirigliano y Ocampos y los que me olvide. Madurando a tiempo o quemando etapas de prepo, los pibes volvieron a dar la talla sacando la cara por la camiseta que los formó y respondiendo firme en una campaña que los necesitó tal vez más de la cuenta. 
El peor: Quién haya imaginado en Agustín Alayes un líder carismático que comande la defensa, le erró como bizco al timbre. Lo trajeron para cabecear pero cabeceó bastante poco, y encima, los enormes espacios que ofrecía River en su búsqueda ofensiva pusieron en evidencia los problemas de desplazamiento que ocultaba en equipos más chicos y en defensas más cerradas.
Los otros refuerzos: Leo Ponzio pisó fuerte de entrada a pura personalidad. Jugó varios partidos soberbios brindando la lucha y el equilibrio que le faltaba a nuestro mediojuego. Carlos Sánchez y Martín Aguirre la rompieron en el comienzo brindando versatilidad y dinámica, pero perdieron fuerza con el correr de la temporada apagados por la irregularidad. Luciano Vella solo aportó cuotas discretas de su tezón y experiencia. Lo del Maestrico González fue raro. Pasó de no ir ni al banco a ser pieza vital. Almeyda halló en él una confiable usina de juego para auxilir de su ahogo a las figuras. Rindió bien en partidos pesados hasta que un inoportuno desgarro en Tucumán abortó lo bueno que había hecho.
El técnico: Agarró el banco en un acto de arrojo. Almeyda se fue haciendo DT sobre la marcha y aun queda la sensación de faltarle varios minutos de horno. Manejó con bastante temple estar en el ojo de la tormenta. Apostó al futbol de ataque y varió –quizá demasiado- cuando lo creyó necesario. Erro varios planteos, cosa tan cierta como que varios cambios suyos reportaron puntos. No encontró el equipo en 38 partidos. El valor histórico de esta temporada le ha brindado un crédito que deberá con prisa ratificar.
El mejor gol: El 3º de Trezeguet a Ferro, monumental volea con carga de slice en el arco de la Figueroa Alcorta. Mención especial para los chanflazos de Ocampos a Chacarita y de Cavenaghi a Jujuy, y la hilera de toques precisos ante Atlético Tucumán que acabó con la definición de caño del Maestrico González.
El mejor partido: El 1-0 a Instituto. Por el clima de catástrofe inminente, por las ínfulas con que llegaba el rival, y porque fue el punto de inflexión de la campaña. River atacó a la yugular a los cordobeses hasta virtualmente borrarlos de la cancha.
El peor partido: Pecado de subestimación. Atlanta tuvo esa jornada en Vélez un planteo perfecto y una tarde en donde si jugaba al Quini 6 lo ganaba. Fue el único partido donde River fue menos que su rival. Y lo fue por mucho.
La hinchada: La llamaron revolución y así fue. El descenso despertó el orgullo y el país de River se transformó en multitudes conmovedoras buscando una revancha. Afloraron las camisetas en las calles y en los picados, y las canchas se llenaron, y las provincias se conmovieron, y las pantallas se derritieron. Tanta entrega exigió una recompensa que se transformó en carga conforme su demora. El desahogo del final tuvo proporciones bíblicas.
La dirigencia: Passarella -esa es toda la dirigencia- evitó exponerse y fue esa su medida mas sensata. Conforme a un descrédito que avanza, la propia conducción millonaria con sus acciones (y no acciones) se allana un camino que va derechito a la puerta de salida.
Los arbitrajes: El recuerdo fresco de los escándalos de Beligoy, Loustau y Pezzotta debe haber servido para bajar una línea rotunda desde el colegio arbitral: Con River esta vez no. Hubo buenos, discretos y malos arbitrajes, pero todos sobre carriles normales. En las fechas finales, colaboracionistas decisiones (con Maglio y Toia a la cabeza) confirmaron la sensación de que alguien se sentía con la cola sucia.
La Copa Argentina: Empezó siendo un estorbo en el calendario y acabó dejando una pequeña mueca de lástima por la forma en que se escapó. Mayormente usada como tester, la banda le fue tomando el gustito con el correr de las victorias limpias de los pibes, hasta llegar a colocarla como objetivo de campaña. Los penales y Saja pararon el carro en semifinales.
La imagen: Hay miles en este año de constantes temblores. Yo elijo 4. Cavenaghi y el Chori encabezando la salida del equipo el día del debut ante Chacarita. El cerro repleto en Catamarca la noche ante Sportivo Belgrano. El pantalón tinto en sangre de Leonardo Ponzio frente Boca Unidos. Las lágrimas de descarga de Matías Almeyda luego del segundo gol de Trezeguet la tarde del ascenso.

viernes, 29 de junio de 2012

AHÍ VA EL CAPITAN BETO POR EL ESPACIO

Le dirán Maestro y tendrán razón. O tal vez le digan Genio y nadie podrá discutirlo. O acaso lo llamarán ídolo, y claro, habrán cantado la justa. Sin embargo, ninguno de los merecidos calificativos que se le dispensen hará justicia con lo que fue la verdadera naturaleza de Juan Alberto Badía: Comunicar.
Se encendía la luz roja y el hombre parecía nacer en vida. Se convertía en el Capitán Beto de ese espacio al que llaman eter. Fue para ese universo de radio el inventor de algo nuevo, donde la creatividad era la ley y el buen gusto el dogma inquebrantable. Allí donde las fronteras las imponían la propia palabra y la capacidad imaginativa de la mente tras el receptor. 
Badía imaginaba un mundo y lo contaba con sabiduría. Frase a frase. Palábra a palábra. Lo sostenía ser creíble, ser jovial y ser honesto. Metió la radio dentro de la tele y (cosa casi imposible) la tele dentro de la radio. Referente de la vieja raza de locutores hoy en desaparición, sus programas insignias (Badía y compañía, Imágen de radio) fueron verdaderas escuelas para quienes fantaseabamos sin tapujos con la aventura de hablarle a una cámara o a un micrófono. Somos muchos los que a tipos como él le debemos un trabajo, una conducta de vida, una inspiración...
Estaría bueno reclamarle a la parca que afloje un poco, que es suficiente por ahora. Sus decisiones inapelables han golpeado este año al mundo River con la ausencia de tres de sus más altos referentes. Primero el Flaco, luego el Negro, y ahora el Beto. Y allá arriba estarán ahora, charlando de los Beatles, de la música, del mundo, de los sueños, de la banda roja... Llegará Juan Alberto al grito de "Muchachos!, tengo algo para contarles!"... y les narrará la noticia del ascenso con la pasión riverplatense que lo distinguió de por vida;  La misma que puso a diario cuando se enfrentaba con su amigo el micrófono.

jueves, 28 de junio de 2012

ESO NO SE HACE

Ahora que parece todo un bajón, no te dejes llevar por la bronca de lo incomprensible...
Ahora que todavía duele el puñal en la espalda...
Ahora que te sentís usado y despreciado...
Ahora que el desagradecimiento puede ser la sensación mas abarcadora...
Ahora, tras las lágrimas que seguro derramaste...
Ahora que el recuerdo de lo hecho se deshace en mil preguntas vanas...
Ahora que ya no habrá más festejos...
Ahora, cuando todavía no podemos salir de la perplejidad...
Ahora que las cosas aún no cierran...
Ahora que tu angustia se hermana a la nuestra...
Ahora, querido Cavegol, es el momento del silencio, y dejar que el tiempo hable...
El pueblo de River es memorioso y sabrá esperarte.
...
Claro que decisiones son decisiones, pero un referente no es un pañuelo que se usa y se descarta. Los argumentos de Almeyda / Passarella podrán ser inobjetables, pero tal vez lo que más duela no sea el hecho, sino las formas, y la sensación de que River vuelve a morderse su propia cola infectada de rabia. 
Si un traidor puede más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden facilmente. Fernando Cavenaghi expuso al fuego abrasador del descenso el prestigio y el cariño que supo cosechar en las redes millonarias por temporadas enteras. Puso la cara cuando lo más fácil era esconderse. Volver -para él y para el hincha- fue un rotundo acto de amor. Solo en el campo legendario se reconocen gestos así, y ese gesto en el sentir millonario (dalo por descontado, torito) no morirá jamás...
Llamenlo como quieran: Forreada, traición, desagradecimiento.. Lo sucedido con Fernando Cavenaghi (y con el Chori también), por mas que sobren los motivos, simplemente no se hace. 

martes, 26 de junio de 2012

MERCI BEAUCOUP


   El hincha argentino tiene dos características que lo resaltan sobre los demás. La mente podrida y el ojo entrenado. La noticia de la llegada de Trezeguet a principios de año disparó inmediatamente el comentario de “je, está todo roto, viene a robar” al amparo de los últimos antecedentes de descenso en España y 3 partidos en 6 meses en la liga de los Emiratos. Pero bastó verlo unos minutos en el verano, un par de toques de primera, una definición ante Racing, para comprender que en cancha había un tipo especial, dotado de un nivel distinto, ubicado, comprometido, predispuesto a la humildad, al que solo la incógnita de su estado físico, se interponía en una ilusión que tenía muchos fundamentos.
   Ahora resulta fácil preguntarse si hubiera ascendido River Plate si a mitad de temporada no hubiera llegado Trezeguet. Pregunta inútil, pregunta inquietante, pregunta sin respuesta. A la luz de los hechos es tentador decir que “no”, aunque cualquier afirmación siempre chocará contra la barrera de lo improbable. Si pudo haber otro jugador en lugar de David en el sitio y en el momento de sus goles claves (A Instituto, a Jujuy, a Ferro, a Defensa, a Almirante Brown) es jugar en una tómbola sin sentido donde la hilera de causas, consecuencias y casualidades puede resultar interminable. Lo importante es que estuvo. Listo, a otra cosa.
   Demostró tener la banda roja pintada. No por sus declaraciones de fanatismo y sueño cumplido de la previa, no por el gesto folclórico de golpearse el corazón tras cada gol convertido. Lo demostró por llevar a cada paso el legendario estilo de la escuela millonaria. Esa estirpe de alta clase, lo elegante, cierta indolencia, la gracia en los movimientos, la belleza en los pequeños detalles, el poder de simplificar la dificultad, la contundencia para el golpe, el poder de seducir muchedumbres sin recurrir a bajas artes. Pero no solo eso. Trezeguet mostró en estos seis meses ser una figura a la que River debería invitar a quedarse a vivir en Núñez. Hoy resulta desproporcionado imaginarlo, pero cuando ya sea un ex, sería un pecado desaprovechar esa experiencia, ese bagaje, esa influencia positiva, esa expresión ubicada y componedora que vimos imponerse con tanta fuerza en los tramos más caldeados de esta historia del ascenso.
   Llevaré en silencio la humilde medalla moral de haber confiado desde el primer minuto en el acierto de su compra. Pero más que nada guardaré en el corazón hasta el fin de mis tiempos los recuerdos de sus goles de escalofrío, que inyectaron morfina hasta sanar una herida que –con el paso de los partidos- parecía incurable.
   Seguramente nunca vaya a leer esto, Señor David Trezeguet. De todas formas no hará falta que yo ni nadie le exprese a viva voz el eterno agradecimiento que todo el mundo River le tendrá a su figura. La historia se lo hará saber a cada instante hasta el día en que se muera.

sábado, 23 de junio de 2012

NUNCA MÁS

River Plate  2 - 0  Almirante Brown.
B Nacional 11/12 - 38ª fecha.
Estadio Monumental - 23/06/12.
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RIVER PLATE: M.D. Vega (6); Vella (5), Maidana (5), González Pírez (5) y Ramiro Funes Mori (6); Ponzio (6), Cirigliano (6) y González (4); Domínguez (5), Cavenaghi (4) y Trezeguet (8). Luego Rogelio Funes Mori (8), Ocampos (7) y Aguirre. DT: Matías Almeyda.
ALMIRANTE BROWN: Monasterio; León, Nievas, Ortíz y Garre; Centurión, Olmedo, Meza Sánchez, y Cisterna; Díaz y D. Vega. Luego Chavarri, Giménez y Canelo. DT: Blas Giunta.
GOLES: David Trezeguet (RP) 4 st. David Trezeguet (RP) 43 st.
ARBITRO: Alejandro Toia -mal-.
MAN OF THE MATCH: David Trezeguet (River Plate)
RESULTADO MORAL: River Plate 1 - Almirante Brown 0.

   Hola papá, soy yo, el nene. Quedate tranqui viejo, solo vine a avisarte que esta tarde volvimos a Primera. Si, viejo, volvimos... Y dejame que sea yo, como el riverplatense bien nacido que educaste, el que cierre el círculo que vos mismo abriste hace casi un año atrás, cuando el recuerdo de tu cara tras el penal de Pavone me anunció que aquella historia del descenso iba a culminar de la peor manera. Pero hoy volvimos, viejo, y estamos contentos, y quiero compartir con vos esa alegría. Dejame contarte que hoy ganamos con 2 goles de Trezeguet, un francesito que era apenas un pibe cuando te fuiste; Que él, junto a un tal Cavenaghi y un tal Chori Domínguez (dos muchachos que ni siquiera conociste) fueron los que llevaron la bandera todo este año cargado de nervios. Que fue Matías Almeyda -si pa, aquel cinco que tanto te gustaba- el que condujo al equipo desde el banco a un campeonato que nos sacó canas verdes. Sufrimos mucho pero volvimos, papá. Volvimos y te lo quiero contar. Volvimos y tengo la secreta esperanza de que a partir de esto todo vuelva a ser como fue. Como vos me enseñaste. Como tanto extraño que me cuentes. Esta noche a la hora de la cena, date una vuelta imaginaria por casa, así te sentas en la cabecera y nos damos el gusto de elevar una copa brindando por tu memoria, y por la gloria de la banda roja. La casaca que me metiste en el corazón y enseñaste a amar hasta el dolor.
...
   Terminó, madre de Diós, terminó...No es alegría lo que siento, mucho menos euforia. 363 días, 8760 horas, 210240 minutos después de aquel fatídico 26/J estoy de nuevo en el mismo lugar, plantado frente a la compu, con idéntico nudo en la garganta y angustia contenida, comprendiendo finalmente en este desahogo aliviador la verdadera magnitud de lo que es sufrir un descenso y la titánica lucha por defender las banderas pisoteadas por el malón. Fueron 26 sábados, 9 domingos, un viernes, un miércoles, y un martes en la B. Solo vos (que leés esto) y yo sabemos las que pasamos. 
   Estuvimos siempre. Ese martes lloviznoso ante Chacarita aguantando estoicos el debut. Fuimos con los 10000 ilegales a la popular en Mendoza. Nos retumbó el silencio en las tribunas vacías del Gasómetro. Copamos San Juan, Corrientes, Jujuy, Córdoba, Tucumán, Chubut, Catamarca, alborotadas por una camiseta. Reventamos todos los estadios y las mediciones de rating. Nos tragamos el sapo de las cargadas humillantes. Soportamos tapas de diarios mala leche. Oímos incrédulos como piojos resucitados nos cantaban que eramos de la B. Bancamos que Boca Unidos, Aldosivi, y Guillermo Brown nos saquen puntos sobre la hora. Perdimos ante Atlanta y Patronato de Paraná. Jugamos en el Raúl Conti de Puerto Madryn y en el Fragata Sarmiento de La Matanza. Festejamos golazos, maldijimos regalos defensivos, sacamos cuentas fecha tras fecha, nos copó una angustia insoportable, aprendimos nombres de jugadores desconocidos. Nos dorminos en el infierno tras la caída del Cementerio de los Elefantes y nos levantamos el domingo del día del padre resucitados gracias a la mano de Chacarita. Cruzamos a plena angustia esta larga semana previa hasta sacarnos el diablo de adentro con los goles (ya históricos) de Trezeguet... Me enorgullezco y me respeto por esta fidelidad. Solo pido que el domingo que volvamos a jugar en Primera, queridos amigos, todos los riverplatenses juremos  recordar todo lo que padecimos para parir esta cosa a la que llamamos felicidad.
   Y seguiremos siendo River. El River de siempre, el millonario, el más grande por lejos. No se nos caerá ningún anillo cuando comenzemos a contar todos los Torneos de Primera, Las Libertadores, La Intercontinental, La Supercopa, La Interamericana, y ahora, el Torneo de la B, a simple vista, el título más difícil de nuestra historia.
   Quisiera rubricar este drama con final feliz, con una sola frase. Solo una. Aquella que fue expresada en momentos aciagos y que sirvió como punta señera para alumbrar la esperanza de la llegada de buenos tiempos. Una frase que sirva de lección y escarmiento, y se nos tatúe a fuego en la mente y el corazón, al convocar la memoria a todos los responsables de nuestra caída y a todo lo que penamos en pos de la reconstrucción que nos debemos.
Señoras y Señores... Nunca más.
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miércoles, 20 de junio de 2012

UN DÍA EN LA VIDA


Pienso el tema del post y el inconsciente de inmediato envía dos nombres desde el recuerdo: Rubén Bruno y Cristian Nasuti. Error que la estadística desmiente con su frialdad habitual. Bruno y Nasuti hicieron dos goles con la casaca millonaria. No voy a pisar en falso, pues. Entonces, voy a la lista y la misma se extiende a –seguro- más de 100 nombres que estamparon su sello en las redes millonarias una única vez en la vida. Todos y cada uno tienen su historia mínima. Este es un resumen (arbitrario, opinable y agregable) de 10 de los casos más significativos.
1- Héctor Jeréz: No había muchas chances de jugar para el joven Héctor Jeréz en el River de 1973. Quique Wolff, Japonés Pérez, Zuccarini, Giustozzi, o Bottaníz, cerraban todas las puertas para cualquiera que se proyectase a Primera como lateral. Sin embargo, suspensiones, lesiones y malos momentos le abrieron una pequeña ventana para por fin mostrarse. La historia recordará al Huracán de Menotti como uno de los cuadros más lujosos de la historia. A ese equipo River le ganó ida y vuelta por 1-0. En la revancha, en el Palacio Ducó, un cabezazo certero del joven Jeréz sentenció la caída de la valla de Roganti y su máximo momento de gloria en el fútbol. Era su segundo partido en Primera, el segundo de los apenas 4 que jugaría con la banda roja.
2- Ricardo Rojas: No hace falta explicar mucho, no?. Cualquier millonario bien nacido recordará que Ricardo Rojas se llevó la pelota luego de una pared con D’allesandro, encaró a Abbondanzieri y cuando lo tuvo a suficiente distancia pinchó la pelota sobre su cabeza para dejarla mansita en la red de Casa Amarilla. Grosso momento. Distinción justa para este misionero imperceptible, laburante a destajo y fiel como un soldado. Jugó en River 5 temporadas correctas que fueron coronadas por este único golazo, fetiche inolvidable para la historia del riverplatense, único momento que lo sacó de la calma que buscaba y transmitía. Hoy vive en Puerto Rico, Misiones, alejado del mundo del fútbol, disfrutando y laburando en paz y sencillez, y tal vez no muy consciente de lo que su gol significó (y significará) para la gloria de la banda roja.
3- Vicente Locasso: El valor agregado del único gol de Locasso como futbolista de River es el de ser el primero en la historia profesional del club. Cuentan las crónicas que fue un remate corto y cruzado para el 1-0 ante Atlanta, en un sitio de Buenos Aires que hoy ya no existe. Dicen que Locasso era un interesante proyecto, destacado unánimemente durante la parte final de la era amateur. Un día se rompió feo la rodilla y por aquellos años, se sabe, esas lesiones dicifilmente sanaban bien. A los pocos años se vio obligado al retiro. Tomó los libros y se recibió de contador. Trabajó en la tesorería millonaria hasta su jubilación.
4- Roberto Bonano: Cruzó la cancha decidido. Lo empujaba la sed de venganza. Chilavert lo había crucificado duró y parejo gracias al castigo de sus tiros libres y el filo de su labia. Un penal para River ante Vélez en un cotejo de primera fase de la Copa MERCOSUR de 2000 le dio la oportunidad. Pateó con el suplemento del diario, bajo y al medio. Chilavert eligió una punta y, por una vez en la vida, perdió. Tito se lo gritó “in your face”. Tal vez en la descarga de ira no comprendió un detalle histórico de reelevancia. Acababa de convertirse en el primer (y hasta ahora único) arquero millonario en anotar un gol oficial.
5- Javier Mascherano: Al joven jefecito ya lo distinguía una vitalidad asombrosa, y pese a los 2.600 metros de altura de la ciudad de Riobamba, había suficiente aire en sus pulmones como para amedrentarse ante una patriada. Tomó la pelota en mediacancha y se animó a la aventura de encarar. Uno, dos, tres rivales quedaron en el camino. Al borde del área prendió cartucho de derecha y la clavó arriba, abriendo el camino para una victoria millonaria ante el Olmedo ecuatoriano. Aquel festejo de 2005 es la excusa perfecta para recordarlo. Javier partió muy rápido conforme a las leyes caníbales del mercado del fútbol. Volverá algún día para seguir mostrando esa entrega, disciplina y liderazgo que lo hicieron reconocido en el mundo entero y referente de la banda desde el día mismo de su debut.
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6- René Houseman: El inigualable duende de la banda derecha, llegó a Nuñez con las tabas cansadas y el bocho en otra cosa. Cascoteado por una conducta indócil, René entregó en River apenas un par de firuletes de su basto repertorio. Su solitario aporte goleador (una perla preciosa a Colón, en el arco del Río de la Plata, gestada a plena gambeta y remate al ángulo) quedó grabada como un símbolo de lo que fue: Un crack sin tiempo, al que llegamos muy tarde para disfrutar.
7- Fabián Basualdo: Si algo bueno tenía el primer River de Passarella (entre tantas cosas) era la previsibilidad. Todos sabían que ese equipo te iba a presionar, te iba a atacar, y casi seguro te iba a ganar. Y una de las tantas cosas previsibles era la subida desgastante y criteriosa de Fabián Basualdo, hacedor sobrio y atildado de un zurco por la banda derecha del ataque millonario durante 4 temporadas, cosa que además, lo elevó a la categoría de mejor lateral del país. Una tarde, una de esas repetidas escaladas no terminó en centro al delantero, sinó que culminó con una definición certera en el mano a mano frente a Pedro Catalano, y así rubricar un (previsible en esos años) 2-0 ante Español en el Amalfitani, por el Clausura 92.
8- Héctor López: El Gorrión era uno de los soldados más rasos de la armada que Angelito Labruna conformó para volver a las vueltas olímpicas en el 75. Perro de presa, humilde como sus virtudes, López se las arregló para volverse un habitué de aquellas formaciones basándose en su tremenda regularidad y en el correcto don para la marca y -cuando se podía- la proyección. Su único gol en Primera llegó en una de las pocas tardes amargas de aquel glorioso 75. El 8 de octubre, en La Plata ante Estudiantes y por la primera fase del Nacional, acertó un rebote tras un corner y estampó su único festejo con la banda roja en 284 partidos oficiales.
9- Domíngo Rodríguez: Uno lo nombra ahora y enseguida se impone el gesto de hacer un puchito con los dedos de la mano y moverlos hacia arriba y hacia abajo. Pero el tucumano Domingo Rodríguez fue una verdadera promesa de gol allá a comienzos del año 1959. Llegó con aires de artillero y con un lastre difícil de sobrellevar: Reemplazar a Ángel Labruna. No pudo, y solo 6 partidos bastaron para comprobar que no daba el piné. Encima, lo que pudo haberle dado cierto margen para adaptarse –gol a Boca en la Bombonera- ocurrió en el contexto de uno de los peores superclásicos de la historia millonaria: Derrota inapelable 1-5.
10- Juan Esnaider: Lo acompañó siempre un cartel desmesurado, y una chapa de crack rebelde que, honestamente, pocas veces demostró. Surgió en Ferro y fue famoso por algunos buenos partidos y varias polémicas en las juveniles de Merlo. Esnaider hizo casi toda su carrera en Europa, donde alcanzó a destacarse en el Zaragoza de España. Junto al uruguayo Daniel Fonseca, fue la mega contratación de River para la temporada 2002, pero el fiasco no pudo ser mayor. Lento, rellenito, lesionado y sin mucho interes, tuvo 6 meses de vacaciones bien pagas en Buenos Aires. La espectacular presentación de Cavenaghi en Primera lo envió rápido al ostracismo del que solo escapó con la rescisión de contrato. Antes, había dejado su única y humilde huella en las redes millonarias: Un toque de primera para el segundo gol de un 2-0 de River a Deportes Tuluá de Colombia por Copa Liberadores.

sábado, 16 de junio de 2012

PUÑAL AL CORAZÓN

Patronato (Paraná)  1 - 0  River Plate
B Nacional 11/12 - 37° fecha
Cementerio de los Elefantes - 16/05/12
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PATRONATO: Bértoli; Graciani, Andrade, Boggino y Márquez; Guzmán, Pereira, Bustos, Urresti y Acosta; Quiroga. Posteriormente Casado, Torres y Roda. DT: Marcelo Fuentes.
RIVER PLATE: Vega (5); Ponzio (3), Maidana (4), Ramiro Funes Mori (4) y González Pírez (4); Aguirre (4), Cirigliano (4) y Ocampos (3); Domínguez (4), Cavenaghi (5) y Trezeguet (4). Luego  Villalva (4), Rogelio Funes Mori (4) y Bou. DT: Matías Almeyda.
GOLES: Leonardo Acosta (PAT) 7 pt.
ARBITRO: Pablo Lunati -bien-.
ROJAS: Ignacio Boggino (Patronato).
MAN OF THE MATCH: Sebastián Bértoli (Patronato).
RESULTADO MORAL: Patronato 1 - River Plate 1.

Posta que ahí parado el arco se achica. Posta que los 11 metros parecen el doble cuando uno toma distancia y espera la orden. Al Chori se le deben haber cruzado 30 ideas distintas en la tensa espera. Eligió la que tal vez todos hubiésemos elegido. Bomba al medio. Bértoli razonó con pericia al comprender que no era momento para sutilezas. Se la jugó a esperar paradito y ganó. Lamentablemente. Dicen que fallan penales quienes los patean. Pobre Chori de haber pifiado justo ahora. De todas formas el penal es apenas la arista más saliente de una tarde tortuosa en Santa Fe. Antes de ese trompazo al mentón hubo 87 minutos saturados de miedo y de presión (y depresión), al ver el objetivo cerca y no saber como alcanzarlo.
   Y claro que duele. Duele todo. La cara roja de la bronca. Las palabras atoradas en la garganta. Los ojos atajando la inevitable descarga. Las preguntas sin respuesta. El silencio más dramático ante esta tortura inexplicable. Duele dejar pasar una nueva chance. Duele la retirada llena de hastío de un pueblo desilusionado. Duele la flagrante involución futbolística de un equipo que, en su intento de hacer todo, acaba no haciendo nada.
   Patronato no experimentó mucho en su táctica anti-River. 4-4-2. Poco espacio, mucha marca, un despliegue sobrehumano, y una notable efectividad para dar el golpe. Contó con la enorme colaboración de un millonario entregado a un quilombo psicológico brutal. Calamitoso en defensa, a medias tintas en la mitad y a la buena de Dios en el ataque. Sin el pulso firme en un técnico al que al precario armado táctico inicial, rara vez le suma habilidad en la muñeca para torcer el rumbo a tiempo. Luego del madrugador gol de Acosta, hubo varias chances claras que hicieron soberbia la figura de Bértoli. En el complemento la mente se nubló por el apuro y el miedo escénico. El penal a Funes Mori llegó cuando la batalla estaba perdida y su despilfarro volvió a apuñalar con una daga fría, el tajeado corazón del país millonario.
   Imagino la semana. La paz inexistente. Los rumores apocalícticos. Los buitres sobrevolando. El juego del fin de semana. Con punta o sin punta, habrá que ganarle a un adversario que vendrá chivo e incentivado. Deberemos poner la oreja en el auricular y rogar por una mano externa. Viviremos angustias conocidas al compás del morbo forastero por gozar de nuestro padecimiento. Deberemos ser -como sea- dignos de nuestra historia para ponerle fin a este viacrucis interminable.